Isabel II. Su mérito, estar ahí.

A una semana del fallecimiento de la reina Isabel todo se ha dicho sobre su figura. Desde que tuvo que construirse como reina, cuando ni de lejos pensó que podía llegar a serlo de niña, llegando a la jefatura del reino en pleno disfrute de su juventud, hasta que ha significado la estabilidad de lo British en un mundo convulso de liderazgos extremos entre vaivenes políticos de todo signo.

El propio Reino Unido, que ha pasado por épocas de gran convulsión cultural y social acorde con la evolución de los tiempos, también se ha visto inmerso en profundas turbulencias políticas, que solo el paragüas de estabilidad de la mornarquía ha minimizado. Tanto es así, que si no hubiera sido por la Reina que, pasara lo que pasara, mantenía la identidad imperturbable del Estado, podríamos comparar la política británico de los últimos cuarenta años como de auténtica sucesión de golpes de poder contrapuestos. Poco se parece la política, interior y exterior, británica de los años más duros de la guerra fría, cuando Elizabeth II comenzó el reinado (1952), a la de los años ochenta del siglo XX. La era Thatcher: el golpe neoliberal con Reagan y Bush; el retroceso en el estado de bienestar; guerra de las Malvinas o el papel de  la City consolidando y convirtiendo a Londres en una de los centros del capitalismo financiero global. 

Durante el reinado de la Isabel II el Reino Unido perdió su Imperio, pero la figura de la Reina sujetaba las riendas del ser británico manteniéndolo en una burbuja de sobreexcitación étnico nacional, anclada más en la permanencia de la historia que en el nuevo presente. A la misma velocidad cómo las colonias se independizaban, con muchas inseguridades de futuro, tenían a la Reina como garante, como cierto Deus Ex-machina, de sus nuevas singaduras como nuevas naciones, sin cortar el codón umibical con la metrópoli.

Nuevas independencias políticas, pero con la fascinación, el fervor y la reverencia hacia Isabel II, manteniéndola como soberana nominal de los nuevos estados, subyugados por el mágico esplendor de la continuidad centenaria que representaba la Queen. Y tanto debía de ser eso así que algunos excolonias, que mantenían a la Reina como soberana, aunque sin ninguna prerrogativa de poder, no revalidarán ese vínculo honorifico de sumisión con el nuevo rey Carlos III.

Los conocedores de algunas intimidades de Isabel  II, alabando su hermetismo en cuestiones políticas, han manifestado que la Reina no se llevó demasiado bien ni con Margaret Thacher  ni con Tony Blair. Que era partidaria de quedarse en la Unión Europea y que no comprendió los sentimientos de su pueblo hacia Dyana hasta que la evidencia del tirón emocional de la Princesa la obligó a agachar la cabeza ante el féretro de su primera nuera.

La Reina, tragándose el orgullo de estirpe, se emocionó por las muestras de amor de los británicos por la princesa fallecida. La Reina, que firmaba como E.R., Elisabeth Regina, testimoniando la tradición latina en la historia del Reino Unido, calificó al año 1992, año de divorcio de su hermana y su hijo, el príncipe Andrés, y del incendio en su castillo de Windsor, imagen simbólica de los índices de popularidad más bajos de su reinado, como de annus horribilis.

Elisabeth Regina, mostró también su resiliencia cuando estrechó la mano de Martin McGuinness, viceministro de Irlanda del Norte, 2007, y antiguo dirigente del IRA, que quizás habría tomado la decisión de asesinar a su primo, Lord Mountbatten, en 1979. Y transigió ante el amor de su hijo Carlos por Camilla Parker hasta el punto de asumirla como futura reina, Reina Consorte.

Para los británicos, el valor emocional de Isabel II habrá sido que ella siembre estaba ahí. Mientras el Imperio de desmoronaba y el papel de la orgullosa y arrogante Gran Bretaña o, más aún, de los ingleses, que perdían su palio de prestigio, incluso ante escoceses y norirlandeses, ella, la Reina, permanecía como valor de referencia seguro e imperturbable.

La Reina ha muerto y con ella, esperemos, que también la soberbia y prepotencia de una nación multicultural y multiétnica que está fuera de la Unión Europea por los miedos y nostalgias de los jubilados de la campiña inglesa, incapaces de entender el cambio de los tiempos.


Estoy de vuelta

Después de este verano de calor insoportable comienzo el curso de actividad con nuevas ideas y proyectos.

De entrada, cada semana subiré un artículo de análisis o comentario de actualidad en el blog, y en algún otro medio digital.

A medio plazo, para primavera, una aventura literaria que aguardaba en el cajón.

Y, naturalmente, sigo abierto a posibles colaboraciones que se propongan aportar algo en este convulso, e imprevisible, mundo global que hemos construido tan mal.

Para contactar conmigo, además de comentar mis opiniones en este blog, está disponible mi correo xccassanyes@gmail.com.

Como que ya no me podréis leer en papel, y generalmente no voy a enviar por correo mis nuevos artículos, quienes queráis podéis seguir mi blog y recibiréis los posts que vaya publicando. Gracias por dejaros importunar y espero seguir, en algún modo, en contacto.

2 comentarios en “Isabel II. Su mérito, estar ahí.

  1. Gracias Xavi, como siempre, por acordarte de mí entre los destinatarios de tus motivadores escritos! Por haber vivido y estudiado en Inglaterra en los años 70, me has refrescado muchas cosas. Prometo seguir tu Blog. Y te invito a ser uno de los calificados opinadores del Blog de ARC PEACE. https://arcpeaceinternational.org
    Fuerza y un gran abrazo.

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