Final de trayecto, me voy. El PP vuelve al origen.

La elección de Pablo Casado como nuevo presidente del PP supone volver al bagaje ideológico de Alianza Popular; el partido de la reconversión ideológica del llamado franquismo sociológico. No es que Rajoy tuviera antecedentes distintos. Si Casado se ha formado en los seminarios de FAES, el think tank creado por Aznar para filtrar la lluvia fina de la ideología neoconservadora a la sociedad, Rajoy comenzó su vida política en UNE, el partido monárquico y ultraconservador de Gonzalo Fernández de la Mora, uno de los fundadores de Alianza Popular que abandonó pronto para pegarse a su nuevo mentor Manuel Fraga. Pero a diferencia de Rajoy, que alentaba la ambigüedad para sumar votantes y luego relegar el pragmatismo, tratando de que fuera la sociedad la que se adaptara a su ideología, ahí están los silencios irritantes hasta que los conflictos le estallaban en la cara, Casado quiere un partido ideologizado y con discurso inequívoco de derecha derecha.

Derecha dura, más a la derecha de la CDU de Angela Merckel o del propio partido conservador británico y en línea con la marca gobernante en Baviera, la Unión Social Cristiana (CSU) que tiene como fuente de pensamiento el ideario del catolicismo más inmovilista, además de su idiosincrasia regional. La línea Casado se acerca a los ultranacionalistas de Ley y Justicia (PiS) y Unión Cívica Húngara (Fidesz), los partidos gobernantes en Polonia y Hungría, que unen a su conservadurismo el autoritarismo, pretendiendo imponer sus puntos de vistas con reformas normativas e intervencionistas; poniendo en grave riesgo la separación de poderes en la justicia y la independencia de la estructuras de la sociedad civil. La ultra derecha con Casado puede sentirse cómoda, veremos qué dicen los de Vox.

El nuevo PP orientado a más derecha pone en valor el discurso fidedigno del PP de siempre olvidando veleidades centristas, que sin duda se recuperarán poco antes de cada campaña electoral como, en Baleares, con afeites de regionalidad; porque Company ganó, y ha conformado su equipo, con esa etiqueta.

El discurso programático de Casado, legítimo como todos, también el de los independentistas siempre que no hagan llamamientos a alzamientos armados, es de derecha reaccionaria volviendo a idearios propios, ya no del siglo XX sino de más atrás, del liberalismo doctrinario del siglo XIX de los Cánovas, Sagasta o Maura, que facilitó que la monarquía nombrara a Miguel Primo de Rivera como presidente de gobierno en 1923. De aquellos lodos, se desembocó en una república fallida y en el golpe militar de Franco; que el nuevo líder popular pretende minimizar como si se tratara de una opción política legítima, ahí está su oposición a dejar de homenajear a Franco en su tumba memorial.

En su primer discurso como presidente del PP Casado incardinó su ideario en el catolicismo conservador, abogando por volver a la ley restrictiva del aborto; y nada de regular la muerte digna. Sostiene que España es una nación estado,  incompatible con una visión plurinacional o con una reforma federal. En economía, se alinea con el neoliberalismo, dando por buena esa globalización que destruye las economías locales facilitando la penetración de plataforma como Uber y Cabify, que arruina el sector del taxi, o las plataformas tipo Airbnb, que expulsa a los vecinos de alquiler y hace de la vivienda un artículo de lujo.

Coherente con mi pensamiento político, dejo de estar afiliado al partido popular. Después de ocho años de paciencia, de reuniones y documentos argumentando la necesidad de Estado de refundar un discurso de derecha moderno: necesariamente laico; de compromiso integrador, entendiendo que España es un Estado plurinacional; y liberal y social, preservando el tejido económico local de esa globalización depredadora que favorece un capitalismo oportunista y a la carta; de jornadas interminables, o a la demanda por horas discontinuas, y por remuneraciones que no permiten un proyecto de vida digno.

Ese proyecto neoliberal no es el mío. Ha llegado el momento del punto final. Me voy del partido popular dejando amigos y con la convicción de que algunos hubieran querido que el PP tomara otro rumbo.

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