Política en base punto cero

Es posible que a muchos les suene lo de presupuesto en base cero. El concepto fue creado por Peter Pyhrr, Director de Recursos Humanos de Texas Instruments, Inc. que, tras haberlo aplicado con éxito en varios ejercicios, los sistematizó en un artículo publicado en 1970, constituyendo una auténtica revolución en la gestión empresarial y del presupuestos. Jimmy Carter, entonces Gobernador de Georgia, le contrató para adaptar el sistema en la administración pública.

A grandes rasgos, se trata de elaborar los presupuestos de las compañías desde cero sin tomar como base la información histórica, no dando por supuesta ninguna partida de los ejercicios anteriores. Eso implica que los conceptos de gasto deben revisarse en función de los concretos objetivos de la organización y para cada ciclo presupuestario, debiéndose justificarse cada vez para merecer ser incluidos a la hora de recibir los fondos.

En periodos de crisis, y de escasez de los ingresos, la técnica de en base cero se utiliza como valiosa herramienta para ajustar los presupuestos e identificar y valorar aquellos gastos que, sin ser del todo superfluos, sí podrían considerarse no prioritarios o imprescindibles.

En la política española se ha llegado a ese extremo en que parecen tener más legitimidad aquellas políticas que se repiten en cada ejercicio por la inercia de no discutirlas y de no levantar fricciones con los colectivos afectados. Ahí están las subvenciones a patronales, sindicatos o en el ámbito de la cultura. O políticas claramente ineficientes, como todas las relativas al empleo porque, es más cómodo repetir los “pías pías” que, repensar estrategias con voluntad de soluciones  que supondrían giros radicales.

Pero la gravedad del fracaso de la política en España es que no responde a las cuestiones que interesan a la sociedad. Todos los partidos hegemónicos menos el partido popular, en mayor o menor medida, están en proceso de cambio generacional y de ideario. Pero el partido popular permanece anclado a un bucle ideológico sin horizonte de futuro; eso acabará traumáticamente o con una refundación de nuevo cuño. El PP se alejó de la gente en el momento en que camufló adrede los intereses de las tramas corruptas que albergaba, para beneficio particular y de partido, con pretendidos servicios al bien común.

En el futuro inmediato, el PP está obligado a repensarse y refundarse, evolucionando sus principios ideológicos y adaptándolos a un siglo XXI que ya nos da pistas de por dónde va a ir. En esa refundación, en base cero, será necesario hacer tabula rasa pasando página de creencias y actitudes que nunca estuvieron justificadas desde principios ideológicos liberales y democráticos, pero que fueron impuestas por los herederos de etapa política anterior.

Visto el rumbo de la política, y el auge de los populismos, cada vez será más necesario que los partidos se aferren al territorio y a las problemáticas más inmediatas. La regionalización de los partidos y su vocación de obediencia local, llámese por su estructura regionalizada, federal o por la elección de sus representantes por listas abiertas, será una necesidad para mantenerse cerca de los electorados.

En Baleares, el partido popular que ha conseguido deshacerse de su pasado ligado a la corrupción, sigue lastrado por el PP como marca nacional. Las opciones de Company para remontar en las próximas elecciones pasan por emanciparse de la política de un Rajoy torpe en cuestiones importantes y que no es capaz de aportar una visión integradora, realista y viable a la cuestión de Catalunya.

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