Partidos políticos y sparrings electorales

En lo que queda de legislatura asistiremos al duelo entre el partido popular y Ciudadanos por la hegemonía política en la derecha.

En Baleares, Actúa Baleares, el partido de Jorge Campos, se añade como tercera opción compitiendo por el mismo electorado. El nuevo partido quiere representar el anti catalanismo político con el objetivo fundacional de segregar a Baleares de su confluencia lingüística y cultural con Catalunya.  En eso, estaría en las antípodas de políticos de referencia del partido popular anteriores a la escabechina de Bauzá, pero está por ver cuál es la posición de sus actuales dirigentes.

Los regionalistas del PI, por su parte, siguen sumando profesionales de calidad como la del abogado Bartomeu Vidal, ex de UM y conseller de Cultura con Cañellas, y secretario técnico de la Euro región Pirineos Mediterráneo cuando los gobiernos de Matas. Los del PI, podrían beneficiarse de buena parte del electorado popular a poco que el PP de Company no sea capaz de marcar perfil propio y se pierda en los enredos tácticos de Moncloa, pretendiendo emular los idearios de sus competidores.

El partido de Jorge Campos (no confundir con Actúa, la formación nacional de Baltasar Garzón, Gaspar Llamazares y Cristina Almeida) sacude la previsibilidad de un año preelectoral con el socorrido anti catalanismo que se vende bien en Mallorca, como en la España mesetaria y andalusí, con el añadido de verbalizar un discurso de nuevo cuño y rupturista. Parece que el nuevo partido va a asumir planteamientos que podrían emparentarse con idearios de la extrema derecha europea. Exaltación del nacionalismo de Estado y recreación de nuevas identidades fruto de reinterpretaciones históricas. Actúa Baleares, pretende un discurso balearista, de entusiasmo patriótico balearista en oposición al insularismo, de considerar cada una de las Islas, Mallorca, Eivissa, Menorca y Formentera, como realidades históricas, sociales y económicas distintas.

El mensaje del anti catalanismo ha sido el recurso mediático tradicional de las diversas oleadas de españolización cultural desde las primeras décadas del siglo veinte; alcanzando su nivel de máxima agresividad durante la larga dictadura franquista. La movilización del régimen de Franco contra la identidad cultural de las islas fue impulsada de forma planificada, adoctrinando en las escuelas y desde los medios de comunicación, contra cualquier relación con el catalanismo y Catalunya, último reducto de la República.

El nuevo partido nace para derogar la ley de normalización lingüística, consensuada y aprobada en la primera legislatura de Gabriel Cañellas, en 1986. Al margen de polémicas sobre la exigencia del catalán en uno u otros colectivos profesionales, la libre elección de lengua en la enseñanza tal como la plantea el ideario del nuevo partido, nos llevaría irremisiblemente a un futuro de coexistencia de dos comunidades lingüísticas disociadas y, generalmente, beligerantes; como se ve en otros países de inmigración.

En nuestra comunidad, sometida a una fuerte y creciente presión inmigratoria, de no procederse a una obligación educativa, los nuevos inmigrantes acabarían expresándose solo en su lengua materna y en castellano, la oficial y de relación con la sociedad de acogida. Si las administraciones propias de las islas no exigieran el catalán como requisito, la lengua de las baleares sería cada vez menos usada y terminaría siendo residual y quienes la hablaran, extraños en su propia tierra de nación.

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