El futuro del PP está en regionalizarse

¡El estallido de la “operación Lezo”, el penúltimo escándalo de corrupción que afecta el partido popular, esta vez en la regional de Madrid y con trazas de extenderse más y contaminar toda la vieja estructura como sucedió en valencia, puede determinar el futuro del propio gobierno de Rajoy que tiene visos de sostenerse, solo, hasta que se despeje el liderazgo en el partido socialista.

Contrariamente a lo que ocurrió en Valencia donde el corporativismo pepero cerró filas en torno a sus jefes de fila dificultando, cuánto pudieron, para evitar el avance de las investigaciones judiciales, Cristina Cifuentes, en Madrid, se muestra como la máxima interesada en hacer limpia de tanto corrupto cobijado en líderes populacheros como Esperanza Aguirre que ahora, tras su dimisión, se excusa por no haberse enterado de nada.

El camino que le toca a Cifuentes, ella seguro lo sabe, es seguir la determinación que ha expresado Isabel Bonig, presidenta del PP valenciano, al apostar todo su empeño por la regeneración y por una participación efectiva de la militancia en el rumbo del partido, impulsando una regionalización del PP valenciano, o eso parece, que implica necesariamente la defensa de los intereses de la Comunidad por encima de las conveniencias electorales de la cúpula nacional. El camino no es fácil. Bonig, ya ha recibido un primer aviso del número tres del PP nacional, Fernando Martínez-Maillo, por expresar su crítica a los presupuestos nacionales de 2017 que, siguiendo la serie histórica, maltratan a la Comunidad valenciana; la cuarta Comunidad Autónoma que, en términos relativos, más aporta a la caja general tras Madrid, Baleares y Catalunya y, en cambio, la séptima en recibir inversiones del Estado.

El camino emprendido en Valencia lo seguirá Madrid, y lo habría tomado el PP de Catalunya si electoralmente contara algo. Por demás, una regionalización del partido popular es inevitable si quiere seguir siendo la referencia de la derecha liberal y no entrar en barrena de contradicción con la evolución natural de la sociedad. El camino es ideológicamente fácil, solo tiene que asumir plenamente el estado autonómico, instaurado en la Constitución, y dejar de ser un partido centralista que reparte prebendas de inversión en función de sus intereses  personales o de partido.

En Balears, la nueva presidencia regional, cuenta con un buen margen de consenso que podrá ampliar si sabe no entrar en las sucesivas trampas que le pondrán los perdedores. Entre ellas, realizar una oposición frentista e irracional, es decir, pasar de los argumentos a la visceralidad. Esa es la táctica del acoso y derribo de Aznar, seguida por el Rajoy de la primera legislatura, menos visible en ésta, y de la vieja guardia pepera local.

Si Company se propone, como ha manifestado en varias ocasiones, ser un partido de gobierno con proyección de estadista tiene que poder llegar a acuerdos amplios de País, mirando no solo a Ciudadanos, por demás su competidor directo, sino con el Pi y con el nacionalismo moderado que ahora se ubica en Més. Sólo si Company se fija como norte de su vocación política el servicio a Balears, a riesgo de algún que otro desencuentro con las directrices del PP nacional, el PP balear ganará solvencia de partido balear.

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