Ni la economía ni la política, es la credibilidad.

(Publicado en ÚLTIMA HORA, EL 21-ENERO-2015)

 Hasta hace unas semanas el partido popular todavía creía que podría ganar las elecciones. Confiaba en que las cifras macroeconómicas serían suficiente aval para acallar su política conservadora, no solo en economía y en el paquete de recortes sociales y en derechos laborales, sino también limitando conquistas democráticas como las libertades de expresión y manifestación. Y en educación, su entreguismo a una reforma al servicio ideológico de una sociedad pragmática, uninacional y pensada por la visión económica de los mercados.

En la encuesta de El País (11-Ene-2015), sobre intención de voto en las próximas elecciones Generales, Podemos  ganaría con el 28,2 por ciento de los votos, seguido del PSOE, con el 23,5 por ciento, el PP con el 19,2 por ciento y Ciudadanos (Albert Rivera) con el 8,2 por ciento, con una abstención de 36,6 por ciento. El sondeo publicado por La Razón (18-Ene-2015), daba como ganador al PP con el 29,3 por ciento de los votos, a Pds (Podemos) el 21,1 por ciento, al PSOE el 19,2 por ciento y a C’S (Ciudadanos) el 6.3 por ciento. El último Barómetro del CIS (octubre, 2014), reflejaba que PP sería el partido más votado con el 27,5 por ciento de intención de voto, PSOE el 23,9 por ciento y el Pds el 22,5 por ciento, mientras que en cuarto lugar estarían IU y UPyD con el 4,8 y 4,1 por ciento respectivamente.

A la vista de las encuestas, el PP se ha dado cuenta que los buenos indicadores macroeconómicos, mejorados ahora por la bajada espectacular de los precios del petróleo, solo pueden convencer a un funcionariado medio y alto junta a un segmento de población de clase media y alta, que suponen el 10 por ciento del electorado del país, y otro tanto inducido en su entorno directo. Las esperanzas de los populares estarían, pues, en un segmento bien remunerado de funcionarios, el 58 por ciento, y en el 23 por ciento de trabajadores del sector privado, que cobran más de dos mil euros al mes, que son los que probablemente perciben el fin de la crisis, asegurando el colchón de 10 millones de votos, el 26 por ciento del apoyo electoral, si se diera una abstención similar probable del 27 al 30 por ciento.

 

A un mes vista del próximo barómetro del CIS, y de la encuesta que publicará Ultima Hora con vista a las Locales y Autonómicas, el Partido Popular se está lanzando en una huida hacia delante por no quedar diluido en la irrelevancia, asumiendo discursos de regeneración que hubiera suscitado esperanzas hace cuatro años pero que hoy suenan a hueco, sin credibilidad.

El sábado pasado, la entrevista de La Sexta a Albert Rivera fue reveladora de cómo Ciudadanos puede crecer y llegar a laminar al PP; como ya ocurre con Ciutadans en Cataluña, que tiene una expectativa de voto del 11,3 por ciento, por el 8,8 por ciento del PP catalán.

Hace dos años formalmente, en realidad desde unos meses antes de las elecciones Locales y Autonómicas de 2011, insisto en la necesidad de un partido popular renovado en su estructura y con un discurso nuevo, curiosamente de signo Liberal Demócrata como el que se adjudica Ciudadanos, que sea capaz de jubilar la vieja escuela de los intereses de la familia popular, para conformar un partido para los intereses de la sociedad.

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