¿Hacia dónde llevaremos la calidad del voto?

La manifestación de autobombo del Podemos en Madrid, cien o trescientas mil personas según los organizadores, ha constituido una exhibición de capacidad de convocatoria a cuatro meses de las próxima elecciones Autonómicas y Locales. En la previa de las elecciones andaluzas se tendrá una idea de por dónde podrán ir las posible mayorías postelectorales.

Ha hecho falta una crisis económica profunda sin precedentes para que la corrupción generalizada, con complicidades en algunos partidos políticos, haya hecho saltar el sistema de partidos de la Transición. Los barómetros del CIS, sondeo tras sondeo, sitúan a los partidos y a los políticos, como principales preocupaciones de los españoles,  justo por detrás del paro y la situación económica, y a la altura de la corrupción y del fraude, por delante de contenidos de calado social como servicios sociales, sanidad o inmigración.

Los partidos de la Transición fueron el producto de un momento político excepcional. De una ley de partidos hecha a la medida del Gobierno de UCD, sin duda, pero también pensando en el bien del País, evitando los riesgos de una fragmentación política que nos podía aproximar al modelo italiano, donde las mayorías de gobierno son difíciles de alcanzar y frágiles de mantener. Ante la inexperiencia política de los españoles, tras cuarenta años de dictadura, cuando se aprobó por decreto la actual Ley electoral en marzo de 1977, pareció que el bipartidismo, es decir, favorecer con una ley electoral a los dos partidos que resultaran mayoritarios, supondría un marco de estabilidad política, necesario para consolidar la futuras instituciones del nuevo sistema democrático.

 

PODEMOS MANI MADRID

Al cabo, casi, de cuarenta años el bipartidismo tal y como se ha desarrollado, ya no tiene el mismo sentido que antes. Primero porque los partidos del bipartidismo, han ido colonizando poco a poco las instituciones, como califica en un estudio interesante Manuel Villoria, catedrático de la Universidad Juan Carlos I, de modo que se ha anulado la indispensable rendición de cuentas a la sociedad. Es decir, un funcionariado de medio y alto nivel se ha involucrado en partidos políticos y, abdica de su funcionalidad pública para servir a intereses partidistas. Segundo, la inmunidad de facto del sistema de partidos ha convertido a los políticos en intocables, convirtiéndolos en engranajes de una maquinaria superior, ora en funciones políticas, ora en funciones económicas: “la puerta giratoria”.

Para cambiar esa dinámica viciosa que daña la salud democrática, en las próximas elecciones los ciudadanos se enfrentan al desafío de acertar en la calidad reflexiva de su voto. Van a tener que dar su apoyo a los partidos que respondan a sus expectativas de regeneración del sistema político y, para ello, una primera premisa deberá ser, sin duda, la credibilidad, porque en las elecciones se entrega un cheque en blanco para cuatro años y eso es mucho tiempo. Si el voto cae en malas manos, cuatro años es tiempo suficiente para cargarse el modelo de sociedad de bienestar que se diseñó en la Transición.

ONL-CIS-CAST Barómetro del CIS. Enero 2015

Después de las elecciones Generales, tras el Golpe del 23 de febrero de 1981, éstas son, seguramente, las más cruciales de la España contemporánea. Será necesario un buen ejercicio de análisis antes de votar.

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