Poco margen para una contrarreforma.

Publicado en Última hora, el 4-enero.2014

Si nos encontráramos doscientos años atrás, en tiempos de Fernando VII, el talante  social del Papa Francisco, denunciando un sistema económico en el que prevalece el mercado sobre el bienestar social, y su esfuerzo por separarse de intereses políticos, daría alas a un nuevo cisma encabezado por la actual presidencia de la Conferencia Episcopal. A los integristas religiosos, les faltaría tiempo para proclamar una nueva legitimidad religiosa; una nueva cruzada para volver a las esencias, pero no de aquel Jesús de Nazaret, sino más bien al medioevo cuando los reyes eran sancionados por la autoridad papal y los papas nombrados de entre los círculos de poder de las familias nobiliarias.

En pleno cambio de paradigma sociocultural cuando el mundo civilizado, nada que ver con las regresiones del mundo musulmán, hindú o eslavo, avanza hacia mayores cotas de libertad individual y tolerancia, el ministro Gallardón ha desencadenado un tsunami ideológico en la sociedad española, pero muy especialmente en el seno del partido popular que sigue pendiente de una revisión ideológica desde su fundación y sobre todo desde que Aznar dejara la Moncloa.

Cuando elección tras elección no lograba superar el techo de los 107 diputados, ya fuera en coalición con la etiqueta democristiana de los Mayor Oreja, Javier Arenas o José I. Wert, o con la Unión liberal de Segurado, Schwart o Esperanza Aguirre, Fraga entendió que había que sumar y cambiar la imagen postfranquista que venía arrastrando AP. Impulsó el Partido Popular con la estrategia de abrirse ideológicamente a la sociedad logrando superar, con Aznar como candidato, el techo electoral  hasta los 141 diputados en 1993. Insuficiente para alcanzar el gobierno, se lanzó a aquel “viaje al centro” cosechando 156 diputados en 1996 que, gracias a un discurso centrado y constructivo respecto a los nacionalismos, forzado por la necesidad de formar gobierno,  conduciría a la mayoría del 2000.

El PP que se conformó desde, al menos, tres líneas de pensamiento político y con voluntad de partido plural, ha aflorado en sus contradicciones por la pretensión de un grupo, muy activo pero ideológicamente minoritario, de imponer sus ideas morales y religiosas a un partido que es votado, ahí están las encuestas de CIS, por una mayoría más aperturista y liberal que las familias que están al frente de la nomenclatura.

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