Los guerreros de Xiyang, la sombra del déficit.

Hace una semana se abrió al público la recomendable exposición sobre el ejército de terracota de los guerreros de Xiyang, descubierto en esta provincia china en 1974.

Dos reflexiones al respecto. La primera, explicitada en la propia exposición, es la constante que lleva a la caída de los imperios, el poco control del gasto sea por tener que mantener un ejército conquistador, casos del emperador chino o de la España del Imperio, o por vivir por encima de las posibilidades, caso de Roma desde mediados del siglo II d.C o de la Unión Europea desde la crisis del petróleo.

En efecto, la economía se quiebra cuando el déficit público es insostenible, por el precio de los intereses, obligando a replantear la financiación de los servicios del estado de bienestar y, peor, reduciendo recursos públicos para políticas de inversión y estímulo al crecimiento, sin las que no es posible ni crecer ni crear empleo en tiempos de recesión. La segunda reflexión, es que un país que hace más de dos mil años fue capaz de crear una civilización tan desarrollada y culta, cuando en Europa andábamos pintando en las cuevas, tiene un potencial enorme para reverdecer como potencia hegemónica y marcar el ritmo del futuro.

Lo uno y lo otro confluyen en una obviedad, China con 1300 millones de habitantes, el conjunto de países desarrollados  está sobre los 1500, tiene tanto interés en el mercado exterior, con el puede competir en todas los nichos de actividad, como en su mercado interior; que será su particular válvula de seguridad ante caídas de actividad en sus periodos de crisis.

En esa dinámica cabe esperar, sin embargo, que China acierte en acompasar el desarrollo en su propio territorio con el liderazgo económico mundial. Y que se implique como potencia hegemónica y respetando los consensos económicos internacionales; el papel del yuan hacia su total convertibilidad o reformas en su mercado laboral, necesarias para impulsar el consumo interno y la creación de nuevos nichos de actividad.

Las expropiaciones en Argentina, Bolivia, como antes en Venezuela, serán un barómetro de la fiabilidad de China, y también Rusia, como socios leales con las virtudes y compromisos del orden económico mundial.

Europa, entre tanto, tiene que darse cuenta que dejar que se desmantelen sus estructuras económicas básicas, no poner regulación a esta globalización desigual, significa estar a merced de intereses ajenos.

 Publicado en ÚLTIMA HORA, 12-05-2012

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