Manuel Fraga supo estar a la altura.

Manuel Fraga, historia política del siglo XX, ha sido protagonista en los hitos más importantes de la historia reciente. De vocación política temprana, buscó estar en el primer plano de los acontecimientos políticos sin huir de responsabilidades ni circunstancias que le tocaron en suerte; mostrando siempre talla de estadista, ésa que supera el cortoplacismo y que es capaz de actuar con visión de conjunto. Honesto y trabajador, tenaz y generoso, no ambicionaba más que servir a España en cuyo futuro tenía una fe inquebrantable y, aunque en sus puntos de vistas cabrían aciertos y errores, me importa reseñar que junto a dogmatismos, que le depararían disgustos, pervivía en él ese sentido crítico del catedrático y esa altura de miras del intelectual comprometido.

Me importa destacar tres momentos, de su longeva vida política, que fueron trascendentes y que deberíamos tener presentes, ahora, que el nuevo paradigma socioeconómico va a obligar a cambios administrativos y en el modo de hacer política. Es obligado referirse a su importancia, como ministro de Información y Turismo (1962-71), y sus esfuerzos por el aperturismo del Régimen, cuyo hito sería la ley de prensa que suprimía la censura previa. Luego, habría que recordar cuando su, preclara, intuición le hizo ver la necesidad política de llevar a personalidades del Régimen a asumir las nuevas instituciones democráticas; dejando sin dirigentes importantes los círculos más involucionistas que no estaban por la democracia plena.

En efecto, Fraga conocía bien el entramado ideológico, y de lealtades del tardofranquismo, y sabía que no podía dejar sin expresión política a quienes habían detentado el poder hasta entonces, y seguían controlando buena parte de los resortes económicos y estratégicos del Estado.

Además de un político de militancia, enérgico y tenaz, fue un pensador y estratega lúcido y valiente. Tras la desmembración de UCD, en el otoño del 81, Fraga supo atraerse a los democristianos de PDP, y luego al Partido Liberal de J.A. Segurado y Esperanza Aguirre. Fraga, consciente de su techo electoral, estabilizado en torno los 105 diputados, impulsó la refundación ideológica de la derecha hacia un centro reformista: el Partido Popular. Ése fue el tercer momento trascendente: una renovación ideológica y hacia el centro, frustrada hasta que Mariano Rajoy asumió el control de los populares tras el Congreso de Valencia. Y en ese recordatorio de Don Manuel, no se debe obviar que, con su experiencia en la presidencia de la Xunta desde 1990, se asumió sin reservas el estado de las autonomías. Fraga, con frecuencia, ha ido por delante de sus propios correligionarios, décadas más joven que él, sabiendo articular ideología y pragmatismo con la mirada puesta en el futuro de la sociedad española.

Publicado en Última Hora, el 21-01-2012

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