Grecia como síntoma. Italia, el enfermo crónico.

La entrada de Grecia en el euro, su aparente solvencia, permitió que gozara de crédito de los bancos europeos que inyectaron recursos sin las exigibles garantías, dando muestras de irracionalidad o connivencia. Entre 2005 y 2007 los préstamos de la banca alemana y francesa aumentaron un 50%, pasando de 80.000 a 120.000 millones de dólares; desde 2007, cuando la crisis era evidente, el incremento fue del orden del 33%, llegando a 160.000 millones de dólares.

El estado griego estaría en el bando de los atrasados, con una fiscalidad laxa cercana a la de los paraísos fiscales y una corrupción generalizada, como método de relación ante los poderes públicos y en la actividad económica; como colofón o en la raíz del problema su debilidad democrática, expresada en los cesarismos familiares que persisten en los dos grandes partidos de alternancia de poder, las familias Papandreu y Karamanlis (socialistas y conservadores).

Pero si Grecia es el paradigma de país que ha vivido muy por encima de sus posibilidades, sin que sus gobernantes puedan alegar el atenuante de atravesar un ciclo económico adverso, la fase Terminal de la situación helena, es Italia.

De entrada Italia nunca fue un país unificado. Por simplificar, dominio austrohúngaro, en el norte; el reino de Nápoles, de la Corona de Aragón y España, hasta la Paz de Utrech (1713); y la zona central, los Estados Pontificios bajo la autoridad del Papa.

La mirada a la historia, facilita entender el porqué del desarrollo del norte, muy por encima del resto y, sobretodo del sur (nada que ver con el caso de España, por cierto), y ayuda a comprender la idiosincrasia y la rivalidad, cuando no antipatía, entre las grandes áreas regionales.

Pero lo grave de Italia es el sentimiento de clan que caracteriza la sociedad y cuya expresión extrema es la mafia. Desarticulada por el autoritarismo de Mussolini, tuvo su resurgimiento por haber ayudado a los aliados en la IIGuerraMundial, y su recompensa fue mantener lazos, vaporosos claro, con la nueva República.

La mezcla de intereses públicos y privados, y viceversa, las grandes compañías italianas tienen participación del estado, como la eléctrica ENEL propietaria de Endesa, explican fenómenos socialmente necrófilos, como  el esperpento Berlusconi, que no es más que el acto final de una degradación política, social y económica que se sigue en las instituciones, no solo políticas, sino también sociales y económicas; partidos, sindicatos, patronales.

Publicado ayer, 12-11-11, en Última Hora.

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