Negociar todo para la sostenibilidad del Estado de Bienestar

(Publicat ahir dissabte a ULTIMA HORA)

En la ciencia económica, los recursos naturales, materias primas, y los recursos humanos, el trabajo, son factores necesarios que concurren en el proceso de producción, y su valor depende de variables sujetas a fluctuaciones del mercado. El capital (plantas, equipos, dinero, tecnología), por el contrario, tiene un valor más previsible y tiene la capacidad de acelerador de la producción; de modo que un incremento en su valor añadido, aumento de la calidad, multiplica los bienes y servicios producidos de forma exponencial. Este esquema clásico se había mantenido, por decenios, hasta que la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación, y la globalización, con la libre circulación del capital financiero y la revolución del transporte, su abaratamiento, favorecieron  la deslocalización industrial y la internacionalización del mercado de trabajo. El precio de los recursos humanos tiende a la baja, hasta el umbral del precio marcado en las fábricas de Oriente o por trabajadores externos, venidos a nuestro espacio económico.

Así las cosas, nuestra supervivencia, nuestra capacidad de dar la vuelta a la situación, está en valorar la nota de calidad, el diferencial existente entre recursos humanos, necesarios para la actividad económica, y el capital humano; ese bagaje de conocimiento social de los trabajadores, que va más allá de ser concurrencia necesaria para el proceso de producción, y que aporta formación especializada, conocimiento de empresa y compromiso con los bienes y servicios producidos. Nuestro capital humano, tiene que transformarse en agentes proactivos de marketing relacional, de modo que la producción orientada al cliente, al consumidor, establezca un feedback permanente, consumidor-productor adecuando, en tiempo real, necesidades de consumo a las necesidades de producción.

Ese modo de considerar las relaciones entre empresa, producción de bienes y servicios para su venta en el mercado, y trabajadores, en esa nueva doble faceta de productores y organizadores de la producción, nos aboca a un nuevo encuño de relaciones entre unos y otros, afectando a la misma esencia de los procesos de negociación.

Los modelos de resolución de conflictos que se han mostrado eficaces son del tipo de negociación por principios, desarrollados por la escuela de negocios de Harvard, los famosos ganar ganar, en las que se pretende que ambas partes salgan beneficiadas, aquello del ¡todos contentos! Tienen, empero esos modelos, que dotarse de mayor calidad y seguir el planteamiento de que el capital humano asume funciones de organizador de las estrategias de marketing del producto; lo que supone un escalón más, una concepción global e integradora del proceso negociador del modelo. Se trata, como en los procesos negociadores tradicionales, de la fijación de intereses objetivos, opciones alternativas, criterios y pautas de negociación, pero, además, teniendo muy presente el marco institucional, su capacidad de ajustar normativas; el espacio suprasocial (los agentes externos) con condiciones coyunturales no controlables, y el bien común social que se persigue: el estado de bienestar sostenible, que es el objetivo social por excelencia.

 

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