Comparecer transmite confianza y es constructivo.

La comparecencia del Presidente puso de manifiesto que las posiciones ante la crisis, de unos y otros, no se han movido en cuanto a la diagnosis y las líneas de actuación; lo decía el Presidente, al inicio de su discurso, al avanzar que no iba a presentar nuevas medidas. Ni siquiera el hecho del anuncio de que la crisis se extrema, entrando en recesión a final de semestre, ha motivado actuaciones novedosas fuera de las conocidas y las anunciadas medidas, en el sector inmobiliario, vinculándolas al mercado del alquiler que, es de suponer en su mayor parte de protección oficial y, veremos, en qué forma y qué concreciones efectivas, a corto y medio plazo, para que se alquilen esas viviendas y puedan conservarse durante largo tiempo. Rajoy, sin fondo en su primera intervención (mejoró en la segunda), se preguntaba el por qué de la comparecencia si el presidente no decía nada nuevo; la respuesta, se entenderá desde la óptica política que cada quien quiera, en todo caso, ha quedado claro que los grupos han hecho conciencia de las dificultades y que, a pesar, en mi opinión, de diferencias de mases o menos por la labor, se ha transmitido una actitud de compromiso para ir hacia delante.

Hay pocas dudas, de que la responsabilidad primera de la crisis, por cronología, está en las subprime de hace un año, cuyo alcance, es posible que algún gurú adivinara, pero que nadie dijo, con razones objetivas, y, si por opiniones, ninguno de los intervinientes entre los agentes económicos ni especialistas logró trasmitir credibilidad u oportunidad suficiente para ser escuchado; ni aquí, ni en Europa, ni en el mundo, porque, esta crisis abarca a todo el mundo, especialmente occidental.

Cabe traer a colación, ahora, cuando la resaca, pre y post, electoral ha pasado y con la entrada en el año político, pleno de intenciones regeneracionistas en el sentido de volver a encontrar el camino del despegue, que, en su dimensión española, esta crisis tiene la componente estructural que nadie discute, del ladrillo y de la coyunturalidad, y aún de desajustes esenciales del propio sistema económico, que no ha sido capaz de adaptarse a las necesidades de las modernas sociedades, permaneciendo anclado a viejos axiomas que pueden resultar insostenibles y dudosamente morales y éticos.

El profesor de derecho González Casanovas, entre otros, manifestaba en entrevista, hace dos años, que la alegría con que el sector financiero se lanzaba a ofrecer créditos, incluso del 120 por ciento sobre el precio de mercado, estaba induciendo a las familias a lanzarse a una aventura peligrosa que podía ser dramática si el segundo sueldo familiar fallaba. No puedo por menos, traer a colación, también, una entrevista por televisión de estos días, en que un inmigrante se veía obligado a vender su casa, hipotecada, que había adquirido hacía año y medio por la insistencia de la inmobiliaria que le convenció de que alquilar era tirar el dinero.

Nadie, ni el gobierno, podría, hace unos años, haber puesto freno a esta escalada inmobiliaria, so pena de haber recibido todas las críticas por intervenir en un mercado jugoso donde Ayuntamientos y Comunidades Autónomas sacaban beneficios que, en el mejor de los casos se invirtieron en infraestructuras, cuando no se diluyeron en una servidumbre de mordidas; que tienen que ser esclarecidas para que se recupere la confianza en el Estado de Derecho y prevenir nuevos episodios.

Los presupuestos para el próximo se aventuran ajustados y solidarios, donde no se recortará el gasto social y eso, obviamente, es saludable porque la fortaleza del Sistema está, entre otros, en la capacidad de generar confianza en la sociedad no permitiendo su deterioro ni su desarticulación, versus, ignorar los riesgos de marginalidad y de pérdida de inclusión social. Y apostarán por la obra pública, inversiones que mejorarán las condiciones de competitividad del territorio a la vez que dinamizará la economía. Se hecha en falta, sin embargo, que no se presente un plan de empleo público en la dirección de reestructurar la administración pública, en aquello manifiestamente mejorable, haciéndola más eficiente lo que supone, seguramente alguna operación elástica, ampliar plantillas con asignación de funciones en consonancia con criterios nuevos, y reajuste y recolocación posterior, seguramente a un medio plazo, coincidente con otro momento del ciclo económico. Momentos como éste, de recalificación general ante la situación cambiante, reúnen las condiciones idóneas para modernizaciones, como las dela Justicia, que andan paralizadas desde decenios.

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