El estado laico: instrumento de integración social (1)

La cuestión migratoria, como resulta obvio, tiene cada vez mayor importancia, no solo porque no parece que los flujos inmigratorios vayan a detenerse sino, también, por los reagrupamientos familiares y las segundas generaciones, cuya problemática de integración sociolaboral está a la vuelta de la esquina. Según la última memoria del CES (Consell Econòmic i Social IB), en los últimos cuatro cursos los alumnos extranjeros matriculados, mayoritariamente hijos de inmigrantes, eran del 16’04% en Educación Primària; 14,55% en ESO, resultando relevante que se elevaba al 20,63% en los programa de garantía social, es decir, alumnos con riesgo alto de exclusión del sistema educativo y con problemática social.

El encaje de la inmigración en la sociedad española resulta, pues, muy importante porque en situaciones de ralentización económica la integración, es decir, el grado de conformidad y asunción de los valores de la sociedad receptora que comparta la población inmigrada, será determinante para que socialmente estemos ante situaciones de desajuste social, marginalidad, exclusión o beligerancia.

La problemática de la integración debe de abordarse desde diferentes vertientes, sin duda, pero es la religiosa y el enfoque que se dé a la cuestión multicultural una de las más importantes, si no la más.

La sociedad occidental ha evolucionado, bien que a ritmos distintos, desde la sumisión a las instrucciones dictadas desde las iglesias cristianas, en nuestro caso la católica, a la laicidad en términos sociales aunque, formalmente, nuestro estado soslaya esta cuestión definiéndose como aconfesional teniendo, sin embargo, la iglesia romana un estatus de privilegio. Esa consideración de relación especial se extendió, por lógica igualatoria, a las comunidades evangélica, musulmana y hebrea en materia de reconocimiento civil de los matrimonios, en 1992,  

La situación actual, la aconfesionalidad por la que Estado se mantiene al margen supone, implícitamente, que reconoce que la situación normalizada del individuo es la pertenencia a un grupo religioso, lo que dejar sin amparo de normalidad, como ciudadanos, de quienes profesen sentimientos de agnosticismo, ateísmo o vocaciones espirituales no normalistas, no religiosas, desde la consideración semántica del término; pues religión proviene de re-ligare, es decir volver a enlazar, se supone, con un creador centro o foco del Todo. Las llamadas confesiones hinduistas, budistas, taoísta…, no podrían considerarse como tales sino filosofías y, dado que el término aconfesional significa no decantarse por ninguna  confesión religiosa en particular, esta declaración constitucional supone silenciar, despreciar tanto la no creencia religiosa como las espirituales no religiosas. En España, pues, lo normal para el ciudadano es que pertenezca a una religión en la acepción tradicional del concepto, los otros serían raros.

A la hora de verter recetas para encajar las culturas foráneas en la(s) nuestra(s), nadie parece interesarse por llegar al fondo del asunto.

La definición del estado laico superaría esa situación kafkiana porque supondría una actitud neutra sobre cuestión de creencias. Lo cual no implica que el sistema educativo no tenga que instruir sobre estas cuestiones desde un plano de equidad e imparcialidad relativa; como relativa es la visión que pueda trasladarse sobre la gravedad del cambio climático, por bajar a un terreno donde, como en el caso de la guerra contra Darwin que aún sigue, afirmaciones recientes nos han deparado enconos asombrosos.

La actual situación, la aconfesionalidad, supone que el Estado, sin tomar partido debe de proteger, velar y propiciar, ahí interpretaciones, las confesiones religiosas reconociendo la validez civil de cuestiones de la esfera privada, como los matrimonios y la instrucción y educación de los hijos, que al reconocerse como prerrogativa de los padres, permite que éstos puedan optar por enfrentarse a los valores de nuestra sociedad: la de los derechos humanos, del estado de derecho, de las instituciones democráticas, de las conquistas sociales y de la igualdad de géneros.

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