Pluralidades y transparencia

                                          

 

La crisis, o controversia, generada por las manifestaciones de Josep Piqué respecto la necesidad de que el partido popular, no sólo responda a las inquietudes y necesidades de sus allegados, sino que debe de abrirse a la sociedad para dar respuesta a una gran mayoría de los ciudadanos, escenifica la disyuntiva de si el PP quiere prepararse para ser alternativa de gobierno o si se resigna a situarse en la oposición, de momento, una legislatura más.

Tienen razón Piqué y Mariano Rajoy cuando discurren que los ciudadanos no les volverían a votar por el  recuerdo que puedan tener de una buena gestión económica, que tiene sus puntos oscuros y facilidades de coyuntura internacional indudables, “sino por lo que hagamos de cara al futuro”. El presidente del PP catalán aclaró, en su momento, no podía decir otra cosa, que ese esfuerzo se está haciendo ya desde la dirección nacional del Partido, pero de puertas hacia adentro, a pesar de la imagen que se quiere transmitir, nadie duda de que existen dos concepciones de partido popular. Una, la bunkerizada, no hace falta volver sobre ello y, la otra, la que se ha dado cuenta del cambio de era, que se ha intensificado desde hace cinco años, con el cambio tecnológico, la generalización de Internet y la globalización como concepto económico y cultural que, consecuentemente, es receptiva a cambios importantes, o mejor, a evoluciones fundamentales en el seno del partido popular.

Como es sabido las sociedades se conforman según interactúan  tres ámbitos o esferas sociales: la esfera económica, la esfera política y la esfera cultural. Modernamente, en nuestro ámbito político: la economía de mercado, la democracia liberal y los referentes culturales que respaldan las dos anteriores; la libertad de pensamiento, el pluralismo político y la tolerancia. Las tres están siendo transformados por una dinámica que libera energías individuales, de procedencia y formación muy distinta, con gran  eficiencia gracias a las Tecnologías dela Informacióny Comunicación (TIC), y que ponen en marcha cambios de percepción, sin demasiadas declaraciones ni grandes estruendos, cuestionando la bondad o validez de valores, tenidos como intocables, relativizándolos  por diversos motivos, pero principalmente por falta de rigor y de análisis, abundando en la confusión.

En este contexto, el papel de los partidos políticos es ahora, incluso, más importante que antes por la necesidad, no sólo de representar actitudes y proposiciones de gobierno, sino por ser instrumentos de clarificación en el debate social que día a día plantea la sociedad a través, principalmente, de los medios de comunicación. Por esa responsabilidad, los partidos políticos se alejan, cada vez más, de aquel concepto inicial de partidismo de intereses, que los situaban al borde de la facción, para constituirse en espacios de concurrencia política donde la pluralidad, las tendencias, los grupos más afines estructurados y con voluntad de buscar puntos de cruce comunes, (las líneas de división que se cruzan; los cross-cutting cleavages, G.Sartori, “La sociedad multiétnica”), conviven  en el seno de los partidos desde la elasticidad que permite la defensa de una matriz de valores, más que axiomas determinantes y excluyentes. Necesitamos partidos políticos que reconozcan la realidad de nuestra sociedad cambiante y que la asuman, y que trasladen a su ideario la idiosincrasia del cambio, si no quieren perder su capacidad para mantener el compromiso con la sociedad a la que representan y a la que conforman desde su discurso político.

El Partido Popular tiene ante sí el reto de pasar la página y conformarse como partido de futuro. Pero no por una inercia de péndulo electoral, que no se dará próximamente, sino por saber conjugar las aspiraciones de una sociedad que se moderniza y eso implica,  tanto dejar seguidismos ideológicos propios del pretérito, como saber articular una plataforma de valores que ofrezca un modelo de convivencia coherente y sólido, defendible desde un amplio panel de puntos de vista. Algo muy alejado de la realidad y la oferta actual. Las mismas exigencias habría que trasladarlas a los otros partidos, en particular a aquéllos que tienen opción a responsabilidades hegemónicas de gobierno y que se sienten presas de clientelismos personales que no permiten la renovación ideológica y que, por tanto, abundan en una actitud patrimonialista del poder. La única forma de abrir los partidos políticos a la sociedad, y que ésta se sienta representada por ellos, es permitir que los debates trasciendan a la opinión pública y que los secretismos dejen paso a la transparencia.

La política se ha oxigenado, en el sentido metafórico, cuando los medios de comunicación han podido hacerse eco popularizando, vulgarizando, los temas de interés público: la transparencia. Esa es la gran palabra quela Unión Europea ha puesto de relieve sobre la Buena Gobernanza: transparencia, apertura, participación, subsidiaridad… Transparencia, aplicada a los partidos políticos, significan muchas cosas, pero desde el plano de la definición de su línea política, y aún de su revisión ideológica, implica el compromiso personal por anteponer los intereses sociales, es decir, del sentido de un partido político en el seno de una sociedad abierta, a los personales, porque personales son los doctrinas e idearios propios cuando se pierde el respaldo electoral. Pero, además, es que cuando se dice que un electorado ha prestado votos a otro, se está afirmando que algo se ha hecho muy mal en la  casa propia.

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