¿Les importa España a nuestro políticos?

 

Cuanto más nos esforzamos, algunos, en buscar puntos de encuentro, y solideces, que ayuden a superar el discurso ideológico, monocorde y frentista, de este tiempo de crisis, políticos y parapolíticos (léase empresariado influyente y participado del poder) alzan voces que provocan controversia, desasosiego y confrontación social.

El inefable Monago, para vindicar su visión centrípeta del Estado, no tiene mejor argumento que presumir de cuadrar las cuentas de su comunidad, cargando contra las dificultades de Catalunya, dadora neta de recursos financieros, que contribuye en más del ocho por ciento al fondo de solidaridad del que Extremadura es beneficiaria neta.

Desde la doctrinarismo, el aznarismo de las FAES, como buenos discípulos del filósofo marxista Antonio Gramsci, que teorizó sobre la hegemonía ideológica-religiosa, moral, cultural y política como instrumento para la pervivencia de los modelos sociales y económicos, trata de impulsar reformas involucionistas desandando el camino político y social recorrido. Rajoy, por el contrario, tira de pragmatismo para reconducir la deriva desintegradora que afecta, no solo a la convivencia nacional sino, también, a la estabilidad social.

Dos reflexiones: una reciente encuesta de la Generalitat, muestra que ERC superaría a CiU en unas elecciones; el PSC bajaría 4 escaños y 5 o 6 el PP, mientras que, Ciutadans y la Candidatura de Unitat Popular subirían 3 escaños. IC se mantendría con los 13 actuales. En resumen, la sociedad catalana se polariza más, ganando el soberanismo; así habría que interpretar el mayor apoyo a ERC.

Desde la esfera de lo social, el hartazgo de la ciudadanía va en aumento con manifestaciones provocadoras como las del dirigente de la CEOE, al que solo le faltaría atribuir la crisis a que el permiso laboral, por muerte de familiar, sea de un día más o menos. Ahora que estamos recibiendo noticia de las manifestaciones en Brasil por la subida del transporte, hay que recordar que la huelga de tranvías de Barcelona, en 1951, plantó cara a la dictadura de forma inesperada, y fue el precedente del movimiento de oposición posterior. Cuidado con quemar los puentes del entendimiento político.

UH 22/06/2013

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