Un nuevo sistema electoral, listas desbloqueadas. (II)

En cada convocatoria electoral se escuchan voces que reclaman retocar o cambiar por completo el sistema electoral. Aquí solo centraré dos aspectos: el establecimiento de  listas desbloqueadas, o semiabiertas y, en el próximo artículo, el uso de Internet para incorporar conceptos de democracia participativa y deliberativa.

Respecto la primera, la opción de candidaturas de lista cerrada, el actual sistema que se aplica excepto para el Senado, estuvo condicionado por la situación política del momento en que se aprobó la normativa electoral en 1977, modificada en 1985. Entonces, había una democracia incipiente y se trataba de fortalecer las instituciones propias del parlamentarismo, entre ellas, los partidos políticos.

Las candidaturas en listas cerradas, con prelación de elegibilidad según el orden de la lista, pareció el mejor sistema para que el elector votara ante todo al partido de su intención. Con las listas bloqueadas el elector no podía alterar el orden de preferencia, de manera que se daba el mayor protagonismo a los órganos de dirección de los partidos que, determinando el orden en la lista, controlaban la posibilidad de elegibilidad de cada candidato. Con ese modelo se trataba de favorecer la formación de liderazgos fuertes en los partidos, a la vez de evitar que un excesivo protagonismo del electorado supusieran riesgos  de ingobernabilidad. Demasiado protagonismo de un elector inexperto, en el ejercicio político y electoral, hicieron aconsejable que para el Congreso, y luego también para las asambleas autonómicas, se optara por el sistema de listas cerradas y bloqueadas.

Tras casi cuarenta años, algunos tenemos la impresión que el sistema de listas bloqueadas, que fue bueno para fortalecer a los partidos y sus liderazgos como instrumentos del sistema democrático, ha contribuido al inmovilismo y a la inercia en el poder;  impresión compartida por la ciudadanía y que explicaría la creciente desafección social hacia los políticos, que se evidencia elección tras elección en forma de abstención o voto en blanco. Si cuando se instauró el sistema de partidos se trataba de fortalecer las estructuras de poder internas de los partidos, poniendo el acento en los liderazgos internos y debilitando la capacidad de elección de los electores, ahora se trataría de dar mayor protagonismo a la población para que, tras escoger la lista política de su agrado, tenga la opción de elegir, al menos la mitad, el orden de elegibilidad.

Me parecería adecuado instaurar un sistema de candidaturas en listas desbloqueadas, con un orden de prelación del 50% entre candidatos elegibles según el orden determinado por la lista, y el otro 50 % según los que mayores votos recibieran de los votantes. Como es lógico habría coherencia entre todos los candidatos de la lista, ya que serían incluidos en la candidatura por el partido político, pero el elector, al poder elegir directamente la mitad de los candidatos, tendría mayor protagonismo en la elección y eso aportaría mayor interés en el hecho de ir a votar y mayor calidad en el sufragio.

(Solo se publica en el Blog)

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