Trincheras políticas y económicas

La riqueza de los hogares ha caído un 18% en el último año, el empobrecimiento más acusado de la zona euro, mucho mayor que la caída de riqueza media de los hogares en el mundo que se sitúa en un 5,2%.

El informe FOESSA sitúa en un 22% el porcentaje de hogares que está por debajo del umbral de la pobreza. En cuanto a los riesgos de exclusión social, la situación empeora. Caritas evalúa que en un tercio de los hogares españoles tiene “dificultades serias” para llegar a fin de mes y con pocas perspectivas de mejora, ya que la tasa de desempleo de la persona que más dinero lleva al hogar es del 19%. Por segmentos de edad, las familias con gente joven y menores son las que más se están viendo afectadas. De resultas el 10,7% de los 84 millones de pobres (en 2009 eran 78 millones) de la UE están en nuestro país.

Al otro lado de la brecha social, están quienes sufren menos los efectos de la crisis, medios y altos empresarios y ejecutivos, no necesariamente grandes empresas, que tiran de reajustes de plantilla con demasiada ligereza o que, como ha salido publicado estos días, echan mano de los llamados “becarios” (personal de prácticas de programas educativos) de forma fraudulenta, o empleando a trabajadores comunitarios sin contrato o en contrataciones precarias. Las cifras no mienten, una temporada turística muy buena no casa con unos niveles de contratación tan bajos.

La desigualdad en el reparto de los costes de la crisis alcanza cotas de escándalo, cuando nos aproximamos a los niveles retributivos de altos cargos de la administración pública, y la clase política, atrincherada en sus prebendas y chiringuitos electorales.

Hace poco conocíamos que el expresidente del Consejo del Poder Judicial, podría llevarse más de 200 millones de indemnización, el cargo está dotado con un sueldo, dietas aparte, de 137 mil euros anuales; similares niveles para el presidente del Supremo y otros muchos. Es hora que el ejecutivo sea valiente y ponga fin a ese escarnio, cambiando el paradigma de valorar según el cargo; la mayor retribución debiera ser el culmen de una trayectoria profesional y no un estanque dorado para una jubilación.

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