Reflexiones en torno al PP (1/3)

                                             

Este otoño se presenta interesante, no sólo por la precampaña que se avecina hasta las elecciones generales de marzo, sino también por el relevo que tendrá que producirse en el PP balear a la búsqueda de un nuevo presidente capaz de asumir, también, el liderazgo de los populares. Siendo, sin duda, importante esta cuestión, lo es más saber cuál es el rumbo ideológico que se adoptará en el partido popular a nivel regional, y a nivel nacional, en el futuro inmediato y después de la cita de marzo sea cual fuere el resultado electoral.

Las decisiones que tome el PP a nivel nacional, y en ese sentido cabe suponer, finalmente, un baño de centrismo con la incorporación de Ruiz-Gallardón en la lista por Madrid, no debería de interferir en el proceso renovador en Baleares de manera que las distintas sensibilidades aquí habrían de explicitarse con claridad y las decisiones tomarse con absoluta independencia de las familias instaladas en el despacho de Génova. Importa ahora, con la derrota política asumida, que los populares repiensen sus posicionamientos políticos e ideológicos y su imbricación y justificación ante la sociedad a la que están responsabilizados a representar.

Es también el momento de profundizar en la funcionalidad del PP para representar la derecha, en sus acepciones o familias ideológicas, más o menos definibles, ultraconservadores, conservadores, democristianos, neoliberales, centro-reformistas-neocon, o liberal progresistas, entendiendo, a éstos, como el liberalismo consciente de las deficiencias y aberraciones teóricas que la globalización esta imponiendo y, ante las cuales, promueve la intervención correctora y moduladora del estado (como pretenderían Sarkozy y Merckel contra los fondos especulativos de alto riesgo), y refuerza el papel de la sociedad civil; obviamente una tipología de liberalismo evolucionado, o avanzado que, podría tener algunas coincidencias con los socialdemócratas acepción, alojada en el socialismo cuando el PSOE abandonó el marxismo en los ochenta, y que es cosa bien distinta.

Y, en un segundo eje, el PP balear habrá de posicionarse en cuanto a los sentimientos nacionalistas, regionalistas-autonomistas o español-provincianistas, entendiendo a éstos últimos como alineados con una concepción cultural y, políticamente, centralista del españolismo; por tanto, poco sensibles a la diversidad lingüística y cultural de España.

Fundado a finales de los ochenta, el Partido Popular fue la apuesta del centroderecha para superar el ultra conservadurismo de Alianza Popular, buscando recomponer la opción centrista desaparecida con UCD. El objetivo del PP sería  contrapesar el centrismo del PSOE, que desde la izquierda, al absorber a los socialdemócratas de Fernández Ordóñez, había logrado captar buena parte del voto del centro sociológico de Adolfo Suárez.

Tras ganar el PP en el 96, se impulsó aquel viaje al centro, como gustaba decir el expresidente Aznar, que se quedó en intención aunque la etiqueta electoral sirvió para que el partido popular recibiera los votos del 2000. A partir de aquella mayoría absoluta, el PP, no fue capaz de mantener su tono dialogante en algunas de las más sensibles líneas de actuación; especialmente la cuestión autonómica y la, siempre difícil, tensión entre políticas de medioambiente y desarrollos urbanísticos, sin olvidar el mimético alineamiento con la política de Bush. Y ya desde la oposición, el PP ha estado en las antípodas de la mesura, el sentido de estado y el sentido común. Baste recordar las campañas sobre la supuesta conspiración del 11-M, las campañas contra l’Estatut y el Cava, la crispación respecto de las conversaciones con ETA, o ahora, culpar al gobierno, que entró hace cuatros años, del estado de las infraestructuras en Cataluña por la histórica falta de inversiones cuya responsabilidad es de la administración central en efecto, desde hace décadas.

La cúpula gobernante en el PP nacional, la que ocupa los puestos de mayor responsabilidad, la que caracteriza la imagen pública del partido es, hoy, la derecha conservadora y menos autonomista. No hay duda, pero, que existen nombres de tradición centrista y abiertos, como el propio Rajoy, en la cúpula directiva del PP que, silenciados por algún gurú electoral o padrino (?), permanecen a la sombra y que, por lo tanto, constituyen un activo que los populares habrán de saber poner en juego bien pronto silenciando a los que encumbrados en la actual dirección han descentrado el partido, haciéndose ahora urgente un cambio de rumbo y una clara redefinición.

El partido popular que es un instrumento esencial para la salud del estado, y de nuestra sociedad democrática, debe de asumir su papel de partido de referencia en el espacio de centroderecha y debe convencerse de que la sociedad española en su conjunto (buena parte de la votante de su opción, como la mayoría de la que vota el centro izquierda y al nacionalismo moderado o regionalismo) tiene convicciones personales que son más avanzadas que algunos lugares comunes de la proclamada ideología popular. Y no es que creamos que los partidos políticos deban de convertirse en marketing electoral, fieles correas de transmisión de las demandas mayoritarias, lo que los convertiría en sindicatos políticos, lobbys, desprovistos de ideología. Pero sí que los principios ideológicos deben de seguir su proceso evolutivo a medida que la sociedad avanza en sus convicciones y aspiraciones sociopolíticas y morales.

El PP de Baleares sintoniza mejor que el PP nacional con la sociedad que representa. El posicionamiento de Matas, buscando la equidistancia no siempre conseguida, en los momentos de mayor exacerbación verbal del la cúpula de Génova revela la incomodidad mayoritaria de los populares de aquí ante el discurso obstruccionista impulsado desde Madrid y explica porqué el nacionalismo de UM encuentra dificultades de crecimiento; al no poder aglutinar el espacio regionalista que en buena medida se encuentra representado en las filas populares.

Sin ir más lejos comparando los estatutos del partido popular aprobados en el 15ª congreso nacional, octubre de 2004, se dice, en el apartado de ideología, (…) que se inspira en los valores del humanismo cristiano de tradición occidental; en tanto el mismo apartado, del 11º congreso regional, noviembre 2004, dice (…) que se inspira en los valores del humanismo de tradición occidental, y no es que sustancialmente exista diferencia, pues, como es evidente, los valores del humanismo son de origen cristiano y son ya un patrimonio universal, más allá de confesionalismos religiosos, sin embargo, el mismo hecho de fijarse el origen cristiano de los mismos parece, y es, una afirmación confesional del partido que satisface a una parte de su militancia católica e incomoda, a otra, que sin abdicar de sus creencias, mayoritariamente cristianas también, preferirían una declaración más universal.

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