La transición en la Iglesia.

Contra todo pronóstico para la Curia, se elegió a un Papa no italiano. La sorpresa ante el primer Papa no europeo de la modernidad, se escenificó en la anécdota protagonizada por el secretario general de la conferencia italiana, monseñor Mariano Crociata, que  expresó “júbilo y agradecimiento” a Dios por la supuesta elección del cardenal, arzobispo de Milán, Angelo Scola. La frustración del aparato del Vaticano, la Curia, por seguir dirigiendo los asuntos terrenales de la Iglesia ha sido manifiesta, máxime cuando las razones, no ocultas, por la que ha dimitido-abdicado el Papa Benedicto ha sido la presión de una burocracia gubernamental que tiene más preocupación por perpetuar las familias de poder que por el mensaje evangélico.

Los nuevos movimientos de reevangelización, los ultraortodoxos Legionarios de Cristo y el Opus Dei y, en otro sentido, el movimiento Neocatecumenal, gozaron de especial protección por parte de Juan Pablo II; que veían en ellos las vanguardias de la nueva evangelización que devolvieran a la Iglesia su protagonismo perdido, y su tradicional papel de centralidad geopolítica. La Curia, por el contrario, recela de esa fidelidad al Papa por encima de las jerarquías y estructuras de poder vaticanas, que disminuían su influencia.

Tras los papados de Pablo VI, es conocido el enfrentamiento de la Curia por causa del Opus Dei, y el de Juan Pablo II, con el interregnado de Juan Pablo I y Benedicto XVI, la Curia, daba por hecho que la hora de las experiencias evangelizadoras no controladas llegaba a su fin. Lejos, sin embargo, de salir elegido un Papa conformista con el statu quo vaticano, este Papa Francisco de espíritu independiente, combativo y con ideas propias, ya ha empezado dando evidentes señales de compromiso social, renunciando a los símbolos más relevantes del boato papal y, en su discurso, se hace eco de las preocupaciones sociales: “Miremos a nuestro alrededor…Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, de poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación”, ha dicho en su homilía del día de Ramos.

Hay razones para esperar un papado reformista que, en plena crisis global, lidere una transición entre el papado milenario, de carácter centralista y piramidal, a otro, más colegiado.

(Publicado en ULTIMA HORA, 30-Marzo-2013)

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