
Imposible no referir un comentario sobre la guerra de Trump.
Aunque instigado por Netanyahu, que fue salvado de ser formalmente acusado de corrupción por los atentados de Hamas, el empeño del becerro de oro por erigirse como rey del mundo lo lleva a guerras que gana, pero pierde. Lo grave es que ahora quienes más perdemos somos la mayoría mientras, entre declaración y declaración, algunos de sus allegados están haciendo caja; las petroleras, los inversores y las empresas de armamento.
De puertas para adentro la honesta posición del presidente Sánchez marca posición en Europa, en línea con Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, que afeó la servidumbre hacia Trump de la presidente de la Comisión Europea, Von der Leyen, y ha motivado que rectificara sus declaraciones anteriores manifestando el compromiso inalienable (de Europa) con el derecho internacional.
Mientras, sigue la desbandada moral del PP entregándose a Vox y, la última, en Baleares, derogando la ley de memoria histórica. Ya me dijo Tomeu, un franquista tranquilo, simpático y orgulloso de su pasado, que con el tiempo todo se andaría. Fue hacia 2018, en Manacor.
Pero, que los incendios no nos oculten el bosque.
Aunque sean impulsadas desde cenáculos de familias, corporaciones financieras y carteles económicos, las decisiones se toman en las instancias políticas, De modo que conseguir mayorías para gobernar es la primera prioridad para decidir el rumbo del País. Así que hay que volver a la casilla de salida. Estábamos en cómo articular una coalición de izquierdas de la izquierda, la iniciativa que ha propuesto Gabriel Rufián.
El título del articulo está entresacado de Luces de Bohemia, la sátira de Valle-Inclán contra la corrupción y la decadencia moral de la España de su tiempo. En la obra teatral, Don Latino de Hispalis, el arquetipo de pillo oportunista, merodeador y tramposo, le dice a Max Estrella, poeta ciego, orgulloso y honesto: “No te pongas estupendo”, cuando, tras despotricar por la muerte de un niño en una carga policial, le invita a un vuelo regenerador.
Max Estrella, que da nombre a los premios Max de teatro, sabe que no tiene posibilidad de cambiar nada e invita al lameculos Latino a experimentar un vuelo a ninguna parte, un suicidio decente ante la miseria de la sociedad corrompida, tirándose desde el Viaducto, en la calle Bailén de Madrid, salvando el desnivel de 25 metros sobre la calle Segovia. Un salto en el vacío, iluminador. Es entonces cuando Don Latino de Hispalis, que de ningún modo estaría por tal autosacrificio de afirmación, le dice a Max Estrella “no te pongas estupendo”, como si estuviera dispuesto a dar ese salto si sirviera para algo. Hasta aquí la referencia literaria, ahora la concreción.
Mucho me temo que la guerra de papá, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte llamó papá a Trump cuando la guerra de los doce días de junio pasado, se va a colar entre los mínimos de la plataforma electoral que se está preparando.
No sabemos con qué términos se hará una referencia a la paz o si el no a las guerras, como método para resolver los conflictos, incluirá maximalismo como la salida de la OTAN que patrocina Podemos. En esta cuestión, los impulsores de la iniciativa electoral deberían tener muy presente que abordar el lugar estratégico de España en la configuración global tiene un calado que va mucho más allá de una batería de propuestas de política doméstica. Una plataforma como la que se plantea, para rescatar la desunión de la izquierda de la izquierda, no debería ir de maximalismos sino buscar coincidencias de mínimos que no obstaculicen las alianzas.
No es el momento de ponerse estupendos y tirar la oportunidad por el retrete.
