Al otro lado de la cama

El título de la película de Emilio Martínez-Lázaro, en que dos parejas se ponen los cuernos con sus respectivos y luego vuelven con sus parejas estables, me viene como anillo al dedo para salpimentar la incertidumbre global, tensada aún más tras el ataque secuestro de Trump a Venezuela.

Con la llegada de Trump, los aliados de siempre son traicionados a plena luz del día y a los cornudos solo les queda aceptar la humillación, y sumisión, o seguir la ola y buscarse otros ligues con que lamerse las heridas y llamar la atención del cabrón abusador.

Como en toda historia de maltrato doméstico, optar por someterse no es una elección inteligente sino la resultante del miedo de quedarse a la intemperie y dormir al sereno en las frías noches invierno. Como en toda historia de maltrato el abusador no se regenera y, ante la impunidad, el marichulo afianza sus convicciones y magnifica su dominio con argumentos de orden metafísico, de designio natural. O en plan pirata, sin maquillaje, por la pasta del petróleo.

Europa es humillada por Trump y por Putin. Uno y otro porque la consideran su patrimonio natural. Para Rusia, Europa fue su patio trasero durante la guerra fría, su expansión estaba en Asia y África. Y en los noventa, cuando se hablaba de la Casa común europea, Rusia, que había perdido su imperio de formar traumática, pretendió entrar en la Europa comunitaria y, como país gigantesco, reinventar su nuevo orden imperial. En eso, su mejor aliado era Alemania y los pactos del gas, y ahora, en la nueva etapa de Estados Unidos a la reconquista de América latina, estaría bien volver la mitrada a las respuestas alemanas. Lo del espacio vital les suena, por eso comprenden a Trump y a Putin.

La América de Trump se ha decidido a incorporar a Europa, a semejanza de cómo sucede en la economía, lanzando una Opa hostil para quedarse con la mayoría de la empresa, y lo ha conseguido. Basta ver el servilismo del secretario general de la OTAN, el neerlandés Mark Rutte, y la alemana Úrsula Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea. Ambos, por conductos distintos, sostienen las pretensiones del estado profundo estadunidense, que dirige la política interior e internacional, a través de las agencias especializadas y del aparato militar. Su objetivo, público y notorio, es que el mundo trabaje para los intereses de Estados Unidos, su primer gran objetivo es Groenlandia, independiente y bajo su esfera política. Y como aviso a navegantes ha empezado con Venezuela. Y a Colombia les avisa de que voten bien. Es decir, al candidato afín.

Al otro lado de la cama, del patio global, esta China que actúa desde la cómoda posición del humillado y al que le basta con seducir donde la brutalidad prepotente deja heridas de guerra.

Aquí, en España, la política de los derroteros habituales aprovecha el furor de los acontecimientos para declaraciones viscerales con poca cabeza y mucho cinismo.

Tellado, no Corin sino el portavoz del PP, suelta la sandez de que mientras Trump saca a un dictador, Sánchez sacaba de Venezuela al que había ganado las elecciones, Edmundo González, refugiado en España. Verdaderamente la talla política de los dirigentes del partido popular está en el suelo.

Otros que resbala por el delirio, es la manifestación de los de Junts diciendo que es intolerable la flagrante violación del derecho internacional; se olvidan que la declaración de independencia de Catalunya violó, también, el derecho internacional por cuanto alteraba la territorialidad de un estado soberano.

Y como colofón, aparte de las proclamas de la vicepresidenta, las declaraciones de Sánchez que, en lugar de mantenerse a la expectativa y de apostar por un proceso de transición, democrático y transparente, se centra en condenar el ataque y abrir nuevo frente con el malhumorado Trump que aprovecha toda ocasión para reivindicar el cinco por ciento.

Visto el panorama, es el momento de mirar al otro lado de la cama, aunque sea por protegerse de la impunidad. Si se quiere defender los valores de la Unión Europea será mejor tirar de diplomacia y geoestrategia, que va más de intereses que de principios, y mirar al máximo competidor. China, sin duda, y ver con qué asociación tenemos oportunidades de presencia en América Latina.

Y la línea está clara: Perú y Brasil, donde la presencia china ya es notable, se está construyendo la nueva versión del “galeón de Manila”, la ruta comercial de la Nueva España, pocos años tras la conquista, entre Acapulco y Manila, que se extendía hacia los puertos de China y, por la parte atlántica, Veracruz y Sevilla.

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