El mecanismo electoral siempre está detrás

En agosto, la Cámara de Representantes de Texas, y posteriormente el Senado del estado, aprobó la modificación de algunos distritos electorales con mayoría de población negra e hispana, favoreciendo que en las nuevas demarcaciones redimensionadas prevaleciera la población blanca; caucásica, en la particular clasificación racista estadounidense.

El estado sureño, siguiendo la consigna de Trump de activar los procesos de gerrymandering (modificar los límites de distritos electorales para favorecer a un partido político), ha abierto la espita de cómo ganar las elecciones por la puerta de atrás; acomodando el tamaño y la composición social de las circunscripciones, además de otras disposiciones que dificultan el acceso a las urnas de personas alejadas, en suburbios, clases más humildes y generalmente pertenecientes a minorías étnicas, votantes más cercanos a los demócratas.

De resultas de esa modificación de circunscripción electoral los republicanos se adjudicarían, previsiblemente, 5 representantes más. A Texas, han seguido Carolina del Norte y Florida, en beneficio del partido republicano. Y, a su vez, el partido demócrata contrarresta con la misma estrategia. En las lecciones locales del pasado martes 4, en California, los electores aprobaron modificar  distritos electorales que podrían suponer 5 escaños más.

El tema de los mecanismos electorales es relevante para explicar los resultados de las elecciones en cualquier estado. El sistema electoral, por si solo, es capaz de dejar en papel mojado las disposiciones constitucionales de igualdad e, incluso, subvertirlas.

En Francia, Degaulle instituyó el sistema electoral de mayoría de dos vueltas, en 1962, por indicación de los técnicos estadounidenses para que el Presidente se asegurara la reelección, de 1965, y barrar el paso al, entonces pujante, partido comunista.

En Italia, conviven dos mecanismos electorales; el uninominal, para ocupar un tercio del Parlamento, y el proporcional, en listas cerradas, asignándose los escaños proporcionalmente al número de votos.

De resultas, para la Cámara de Diputados, en 2022, por el sistema proporcional, el partido de Meloni consiguió el 25,98 % de los votos y 69 escaños; el Partido Democrático (19,04 %) y 57 escaños y el, tercero, el Movimiento 5 Estrellas (15,43 %) y 41 diputados. Por el sistema uninominal, que solo elige un tercio de los escaños, la Coalición de Centro Derecha obtuvo 43,79 % de los votos y 121 diputados; la Coalición de Centro Izquierda (26,12 %) y 12 escaños y el Movimiento 5 Estrellas (15,43 %) y 10 diputados. Como se ve, el sistema uninominal distorsiona profundamente la voluntad del electorado.

En España, Mariano Rajoy quiso modificar la ley electoral en otoño de 2014 para que gobernara la lista más votada. Anteriormente, en 2007, había propuesto que no pudiera gobernar un partido que no alcanzara el 30 % de los votos y, en otra, proponía que gobernara la lista más votada, lo que convertiría nuestro sistema proporcional, de facto, en mayoritario.

Sin duda, modificaciones de calado en la ley electoral deberían realizarse por consenso amplio, aunque cabe preguntarse si cuando se parte de una situación ya viciada, que beneficia a una parte del espectro ideológico, si no debería corregirse con la mayoría simpe que permite la ley.

La LOREG y la parte blindada que protege la constitución, fue hecha a la medida de la derecha, entonces UCD luego el PP. Lo confesó su redactor Óscar Alzaga: “los sondeos concedían a UCD un 36-37 por ciento de los votos, se buscó hacer una ley en la que la mayoría absoluta pudiese conseguirse con alrededor del 36-37 por ciento. Y, al tiempo, que la mayoría absoluta para el Partido Socialista fuera más costosa, entre el 39-40 por ciento”

Una reforma de la LOREG de cierto calado desataría otra nueva batalla política y judicial, pero sí caben algunas reformas pequeñas, de trascendencia, cuya impugnación sería difícilmente argumentable. Me refiero al desbloqueo de las listas y a la inclusión en ellas de igual porcentaje de jóvenes (menores de 30 años) que el censo electoral de la circunscripción.

Y tras la reforma, blindarla para que sólo pudiera ser modificada con mayoría de tres quintos. No me cabe duda que un gobierno de PP y Vox tocaría la ley electoral. Y, ese, sí blindaría la reforma.

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