Los votos están en el electorado

Mi admirado Iván Redondo, comentando los datos facilitados por Opina 360 y el avance del barómetro de octubre del CIS, se preguntaba dónde estará el recurso argumental de Sánchez para recuperar los 600.000 votos que está perdiendo el  PSOE, hacia Vox y el PP, y los 400.000 que deambulan entre la abstención y la decisión del último minuto. Ese millón de votos los necesita el PSOE para igualar los resultados del 23-J.

Las encuestas reflejan, también, que el bipartidismo sigue bajando, dos millones y medio de votantes menos, beneficiándose Vox, el antisistema de derechas, los partidos plurinacionales y los antisistema más a la izquierda. El PSOE podría ganar las elecciones, pero no podría gobernar porque la mayoría que se vislumbra está en la derecha.

A eso, hago llamada especial a Sumar y Podemos para que se dejen de grescas y busquen la coalición eficiente; que eso funcionó con Convergencia i Unió. Y los partidos minoritarios nacionalistas, los MÉS, Compromís, incluso el BNG, que después de décadas siguen sin enganchar y, a escala nacional, se quedan al límite de la representación rozando la insignificancia. Es hora de leer correctamente los tiempos globales, y nacionales, y que estos partidos históricos tomen en cuenta su realidad electoral abriéndose a decisiones de calado.

Por un lado, concentración de opciones electorales en la izquierda, donde la dispersión es escandalosa por no decir infantil, propia de la parodia de la “Vida de Brian”; dónde por un “quítame aquí esa paja, se peleaban entre ellos para regocijo de las fuerzas de ocupación romana. Del otro, con argumentación sólida y apegada a la realidad, afrontar los tres problemas principales de preocupación social: Vivienda, Inmigración y Seguridad.

Las estadísticas, los números, dicen lo que dicen. Pero el grueso del electorado de bajos recursos, potencial de la izquierda y de la derecha, que puede prometer programas radicales que no podrá aplicar, si está afectado por estas cuestiones y más, aún, si se vive en barrios de “aluvión de pobreza”.

Los votos perdidos del PSOE desde la investidura, es de Perogrullo, está en los votantes. Y el poco aliciente para votar está, evidente también, en las candidaturas que no se presentan motivadoras como para atraer el voto.

De entrada, los temas axiales no pueden eludir las preocupaciones de la sociedad y esta no es un abstracto indeterminado. Es un concreto de aquí y allí, y no vale un discurso flexible para decir una cosa y la contraria unos quilómetros más allá.

¿Entonces? Hay que entrar en la concreción de los candidatos que ya no pueden ser cartelería de pasión de partidos, sino políticos forjados en la credibilidad y el mérito entre el electorado. Y ahí puede estar el hecho diferencial que movilice al votante.

Sumarse a unas siglas o identificarse con el propósito político de la candidatura y, por ende, fidelizar y consolidar el compromiso que se adquiere con el voto y la responsabilidad respecto la política del país.

Y ese propósito, que todo partido, o coalición, asumiría sin rechistar tiene que enfrentarse a una ley electoral que facilita lo contrario, es decir, la disciplina jerárquica y la política de consignas y argumentarios demagógicos destinados a convencer a los dudosos o a los cabreados, que una vez emitido el voto no hay vuelta atrás en cuatro años.

Sin duda el gobierno tiene en sus manos algunas reformas de la ley electoral que podrían incentivar ese voto que se pierde por desafección o por tristeza, del no hay nada que hacer. O del nada puede cambiar.

El gobierno puede desbloquear las listas y permitir que el votante exprese sus candidatos de preferencia coincidan o no con el orden que la jerarquía del partido haya impuesto. Y, segundo, como defiende mi amigo Domingo Sanz (véase:  https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/jubilado-lucha-nieta-estudie-republica-clase_1_10301459.html) obligar a que en las candidaturas haya el mismo porcentaje de jóvenes, de hasta 30 años, igual al del censo de la circunscripción.

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