
La última de Trump, tras el éxito del fin de la guerra en Gaza, ha sido la sugerencia de que tal vez habría que expulsar a España de la OTAN.
La entrada de España en mayo de 1982, por el gobierno del presidente Calvo Sotelo, y a pocos meses de las elecciones que daría el triunfo al PSOE, era una exigencia de Estados Unidos, y de algunos países europeos, que condicionaban la entrada de España a la Comunidad Económica Europea con la pertenencia a la Alianza Atlántica. Según encuestas del momento, solo el 18 por ciento de la población apoyaba entrar en la OTAN, por el 52 por ciento que se mostraba contraria.
La oposición de izquierda, y la campaña del PSOE en las elecciones de octubre de 1982, el tema de la permanencia en la OTAN, con el eslogan “De entrada, NO” y el compromiso de celebrar un referéndum de salida, tuvo su peso indudable para el espectacular triunfo de Felipe González, con 202 diputados y 134 senadores. Tras la entrada de España en el mercado común, efectiva desde el uno de enero de 1986, era obligado celebrar el referéndum prometido, que tuvo lugar en febrero, unos meses antes de la convocatoria electoral.
Una encuesta de EL País, publicada un mes antes, mostraba que los partidarios del SÍ, solo alcanzaba el 21 por ciento mientras que el NO, es decir, partidarios de la salida de la Alianza, eran el 39 por ciento del electorado. La campaña del Referéndum, fue irracional y tramposa, y la primera ocasión en que la derecha dura, la que pervive en el Partido Popular, Alianza Popular, buscó el triunfo del NO, que hubiera puesto a Felipe González en graves aprietos internacionales, promoviendo la abstención. El gobierno ganó, el SÍ, 56,85 por ciento; el NO, 43,15 por ciento, con una participación alta, del 59,42 por ciento. En Euskadi, Navarra, Catalunya y Canarias ganó el NO. Por el 67,55; 56,72; 53,72 y 53,69 por ciento, respectivamente.
La bravuconada de Trump, no hay medio de que un país miembro de la OTAN pueda ser expulsado, para ello habría que arbitrar un protocolo específico, abre el debate de si a España, honestamente, interesa permanecer en la OTAN. Si fuera por las implicaciones presupuestarias y los réditos defensivos que proporciona, mi opinión es que no.
No es objeto aquí de realizar un balance, pero no hay duda que el empeño de recrudecer las tensiones con Rusia y promover el armamentismo, y la industria bélica, no favorece a Europa sino a Estado Unidos en su guerra global contra China y el grupo de los BRICS.
El plante del presidente Sánchez, a no asumir el 5 por ciento de aportación a la OTAN, fue bien valorado por la opinión pública española. Según el barómetro de 40dB para El País, el 42,1 por ciento estaba con la posición del presidente Sánchez mientras el 30,5 por ciento se manifestaba en contrario.
El plante de Sánchez, y el respaldo de lideres de la izquierda europea, debe interpretarse más que como salida, inverosímil a corto y medio plazo, como la apertura de una reflexión sobre si la Alianza puede volver al punto de inflexión de finales del siglo pasado, antes de la primera ampliación al Este, cuando todavía se hablaba de relaciones de cooperación en un contexto de estabilidad y de paz.
El barómetro de mayo del Real Instituto Elcano (querría ver la valentía del CIS preguntando ahora), dice que el 85 por ciento de los españoles apoya la permanencia en la OTAN y un 57 por ciento defiende que Europa incremente su gasto en defensa. Sobre dónde se perciben las amenazas en seguridad para España, el 55 por ciento de las respuestas la localizan en Marruecos, y solo el 33 por ciento en Rusia. Y es destacable que la imagen del país más respectado es Italia, con 7,6 de puntuación sobre 10; mientras que Estados Unidos, obtiene 5,1 y, el peor, Israel, con el 3,4.
Como es de común bien sabido, el solo hecho de formular una cuestión supone poner el debate en la mesa y desencadenar procesos discursivos, en uno u otro sentido de dimensiones imprevisibles. Por eso, me parece interesante y conveniente, aprovechar la disyuntiva presentada por el presidente Trump para tirar de hilo y no dejar de pasar la oportunidad de comenzar un debate serio sobre los intereses geoestratégicos de España.
En este nuevo contexto global la mirada de España debe trazar nuevas alianzas, recuperando el modo cultural civilizador y de cooperación, alejado del seguidismo de Estados Unidos.
