En Francia se ha cerrado el paso a la ultraderecha para que no alcanzara la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. La coalición de izquierda ha ganado en la segunda vuelta y el partido del presidente francés recupera oxígeno situándose en segunda lugar mientras el Reagrupamiento Nacional de Marine Lepen ha quedado en tercer lugar. Se ha calmado el horizonte europeo por dos años; hasta las presidenciales sin Macron. No se vislumbra quien pueda capitanear el centrismo republicano pero si el tema de Ucrania todavía estuviera abierto Lepen tendría, otra vez, el argumento pacifista. Estuve en Francia, la semana anterior a la primera vuelta, y una razón esgrimida para votar a RN era que estaba en contra de ayudar a Ucrania; como los de Podemos, opinando que ayudar a Ucrania era apostar por alargar la guerra.

Las europeas nos han dejado, significativamente, el mapa político de la ultraderecha. De un lado, la ultraderecha del poder capitaneada por Orban, el presidente de Hungría (el país de los Hunos, que con Atila sembró el terror y dio el golpe de gracia al Imperio romano de Occidente), en alianza con Marine Lepen, Vox y los de Salvini; al otro lado Meloni, considerada demasiado contemporizadora con el sistema: Unión Europea, Otan y oposición a la agresión rusa, con Ley y Justicia, la extrema derecha polaca que estuvo en el gobierno dos legislaturas. No descarten que el actual presidente del Consejo Europeo sea capaz de llegar un acuerdo para Ucrania.
En el Reino Unido el cambio político, tras una década y media desastrosa de gobierno conservadores, marcan la vuelta al sentido de Estado; en su giro social y hacia los intereses de la gente. Hacia la política realista. Menos singularidad británica, resistiéndose a un mundo que avanza hacia la multipolaridad: China, Estados Unidos, Rusia (y habrá que ver dónde se ubican India y cómo queda el avispero de Oriente Medio), donde el Imperio Británico ya no es más actor que como aliado de Estados Unidos y Europa, y con qué fidelidades últimas. Si Trump gana, decididamente con la Unión Europea.
Y en España la continuidad de Sánchez está asegurada. El último escándalo de juego sucio entre los sectores de Esquerra Republicana, está sirviendo el pacto con el PSC si no se quiere ir a nueva elecciones, con el previsible hundimiento del partido que ha sido referente independentista. La lucha por el poder en el partido asambleísta ha llegado a las peores trifulcas entre partidarios de una y otra estrategia independentista, que siguen en sus taifas virtuales ajenas a la realidad política del Estado. El cuanto peor mejor, que comparten en sectores de ERC, como de Junts, y la extrema derecha catalana y nacional, no entro en lo que pasa en el PP, solo puede conducir al hartazgo de los electores; con una expresiva abstención o el voto radical, a la francesa, para que todo salte.
El sentido de estado exige mesura y claridad. Contención en las expresiones y en las proposiciones. Proyectos angelicales, no tienen espacio donde desarrollarse porque no carecen de fundamentaciones sólidos, ni sustentos legales donde asirse; son brindis al sol destinados a desanimar y aumentar el pasotismo político. La confusión en los objetivos no contribuye a focalizar en proyectos consistentes, al contrario, fomentan la dispersión y el autoengaño, la gran desilusión.
Desde hace al menos una década, el “poder duro” está tomando las riendas de la política. El tablero mundial se está configurando entorno a estados fuertes, y a líderes autoritarios, que consideran estratégico el dominio sobre otros países neo colonizados. Es la vuelta a la guerra fría con el añadido de China que, sin rubor desde Tiananmen, exporta la autocracia como sistema eficaz y moderno de gobierno, enfrentado al modelo de los países occidentales que, tras la Segunda Guerra Mundial, se propusieron extender los derechos humanos y la democracia liberal en el mundo.
La regeneración política hoy tiene que ser necesariamente proactiva y de cambio cultural; con talante conciliador y de respeto, pero no de sumisión ni cesión a ideas contrarias aunque poderosamente apadrinadas. Contrariamente a como sucedió con el pacto constitucional, los consensos hoy solo pueden aceptarse desde la expresión de la voluntad social, por la urnas, y desde la igualdad del valor del voto, se viva donde se viva.
Y sí, me estoy refiriendo a la necesaria y urgente reforma electoral que termine con la imposición de una circunscripciones electorales sobre otras de modo que, según donde se viva, en la Espacia vaciada el voto vale hasta tres veces más que en las provincias mediterráneas.
La regeneración no solo va de reformas estéticas sino, principalmente, de calado. De facilitar que la España real tenga su representación proporcional en las instituciones políticas que son las que hacen las leyes y conforman la sociedad; el País.
