Participativo, la nueva frontera del parlamentarismo.

 

 

Aunque los partidos del bipartidismo recuperen alguna credibilidad en el año que falta hasta las próximas Generales, el sistema de partidos que se diseñó en la Transición se ha desmoronado. Y se ha hundido porque la crisis ha facilitado que hayan salido a la luz pufos que ya no se podían tapar: sobresueldos a políticos, completando jugosas soldadas de cargo público; puertas giratorias entre liberados de partido y cargos públicos y vuelta al funcionariado de partido; o la financiación ilegal, opaca, y en caja B a escondidas de la propia militancia, que se ha enterado por los tribunales del tipo de dirigentes a los que estaban apoyando. El sistema de partidos, de ese tipo de partidos, no da más de sí. El partido socialista antes, y el popular ahora, han actuado como grandes empresas políticas, fraude fiscal incluido, olvidando que en una democracia parlamentaría los partidos cumplen la funcionalidad de canal de participación de la ciudadanía en la política y no al revés. Los partidos han actuado como correas de transmisión de intereses ideológicos y, a través de consignas emanadas de sus cúpulas dirigentes, han pretendido amoldar la militancia; como se hace en los regímenes totalitarios, recordando el Movimiento Nacional del franquismo.

 

En el futuro próximo, los partidos ya no podrán funcionar como antes, y el sistema parlamentario, tampoco. La irrupción de Podemos demuestra que la sociedad puede organizarse al margen de las estructuras de los partidos y competir por el gobierno; y la Consulta catalana del domingo, con toda la presión mediática y de las instituciones del gobierno central en contra, ha demostrado que ni siquiera el Estado puede enfrentarse a la sociedad cuando ésta quiere hacerse oír. A estas alturas el siglo XXI el Estado, cualquiera, no tiene mayor credibilidad que cualquier multinacional u ONG. Estados Unidos, espiando a sus socios y amigos y, a través de sus agencias especializadas, pactando con el crimen organizado; montando y desmontando golpes de Estado. Tramas corruptas en Méjico, o en cualquier país africano o asiático. En Europa, no hay partido de gobierno que se salve; lo último, Junkers y sus maquinaciones para defraudar a la Unión Europea que aún, indignamente, preside.

La nueva frontera del parlamentarismo

Está claro que no se trata de poner en cuestión el sistema de democracia representativa, el sistema inevitable cuando se habla de sociedades de millones de personas, como dice el politólogo Giovanni Sartori, sino de repensar alguna de sus instituciones y, en particular, de establecer mecanismos complementarios de representación. En sociedades políticamente maduras, la progresividad del sistema democrático está en completar el parlamentarismo que conocemos con eso que se ha venido en llamar democracia participativa y democracia deliberativa.

 

Cuando se trata de estos nuevos mecanismos de participación política, se estaría hablando de compartir la función decisoria, interviniendo en el proceso de toma de decisiones mediante la participación directa, similar a los referendos, y la participación  deliberativa, de metodología más compleja, consistente en votaciones precedidas por pautas de discusión que se sometería a votaciones iterativas, utilizando las facilidades de los modelos informáticos.

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