Unas elecciones diferentes.

Las próximas citas electorales van a tener tinte plebiscitario. Y no me estoy refiriendo al tema de Cataluña sino al clima político, y a ese nuevo escenario provocado por la crisis, que ha puesto al descubierto las deficiencias del sistema y su vulnerabilidad ante la corrupción.

 

El deterioro social es evidente. Mientras los ingresos medios anuales de los hogares, desde 2008, han perdido un 7,16 por ciento, con descenso del consumo del orden del 12,14 por ciento, la retribución del selecto grupo de altos directivos observaba una desviación al alza de 133,9 sobre el resto de ocupaciones. (INE 2012). Respecto la economía, los sectores empresariales con mayores incrementos de productividad, del orden 3,9 a 1,9 por ciento, fueron los de suministros energéticos, extractivos y actividades financieros, todos ligados a los grandes grupos financieros. Por contra, la actividad de pequeñas y medianas empresas, autónomos, y sectores como sanidad, habían caído un 3,5 por ciento. Sin olvidar que el estrés que presiona sobre el empleo ha disparado los contratos por horas, con salarios incalificables, y el fraude, de empresarios insolidarios que aseguran al trabajador por la mitad, o menos, de las horas que trabaja en realidad.

Unas elecciones diferentes

Se ha drenado el erario público en cerca de 100.000 millones de euros, 2.175 euros por español, para salvar un sistema financiero que, quizás, no todo debiera ser salvado para tranquilizar a los mercados. ¿El precio? La merma del tejido productivo, con lo que se está facilitando una mayor satelización de nuestra economía por las locomotoras europeas y la estructura financiera global. Y, de sobresalto en sobresalto por los escándalos que vamos conociendo, se tiene la sospecha que una parte influyente de directivos y políticos han estado saqueando el País. Lo último, las tarjetas black de Caja Madrid, Bankia; vamos por 15.500 millones de euros en sobresueldos encubiertos, cuando la entidad fue rescatada con 22.424 millones, para evitar su quiebra.

 

Un reciente estudio del CIS, explica que la desafección que se ha instalado tiene uno de sus estribos en la convicción de que el poder real no está en las instituciones de la democracia representativa, sino en la entidad abstracta que forman los Mercados. Y el otro, en la complicidad de políticos de partidos hegemónicos que han utilizado sus puestos de poder, no solo para lucrase con sueldos de escándalo, sino también por urdir tramas para desviar dinero público a sus propios patrimonios.

 

Con estos mimbres, en las próximas elecciones, los idearios de partido van a tener que ceder protagonismo a los Principios e ideas transversales, y de refundación del sistema, si quieren estar a la altura de las necesidades del País. Ideas genéricas, por encima de programas partidistas, en que las opciones que concurran a las elecciones tendrán que priorizar discursos sobre temas que interesan a los ciudadanos. Se trata, entre otras, de si se quiere otro tipo de gestión política abierta, transparente, orientada a consensos y a favorecer el diálogo, como en los países de referencia de la Unión Europea, o seguir viejos discursos superados que no conducen a ninguna parte y que pueden estar lastrando el futuro.

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