La sombra del político es alargada.

De nada le ha servido a Rajoy haber iniciado un ambicioso programa de reformas en la línea de las exigencias comunitarias. Pesa, como una losa, la herencia de la dejadez económica de los últimos años de Zapatero, de no enterarse ni tomar medidas frente a la crisis financiera que deterioraba y aumentaba el descrédito de nuestra economía ante los inversores internacionales.

Ahora estamos pagando esa ineptitud, y la pericia de Solbes cuando enmascaró la realidad en 2008, por lealtad al partido y por encima del País, disimulando los síntomas de la crisis mundial y minimizando el impacto de la burbuja inmobiliaria; desoyendo muchas voces, como el manifiesto “Por una nueva cultura del territorio” (mayo 2006), que denunciaba la falsedad de la economía del ladrillo y del pretendido dilema entre sostenibilidad ambiental y desarrollo económico, por el que todo valía a costa de los recursos de todos.

El ministro, que puso las bases de la recuperación tras la crisis del 93, aupó a Zapatero a una segunda legislatura que nunca se hubiera dado, de no ser por aquélla oposición frentista, genuinamente aznarista, que el electorado no estuvo dispuesto a legitimar en las urnas.

Los ciudadanos sufrimos las torpezas de decisiones políticas erróneas, como la liberalización del suelo (1997) del gobierno Aznar, por la que todo el territorio que no estuviera expresamente protegido podía ser urbanizado, desencadenándose el desenfreno inmobiliario; o el acoso a las comunidades autónomas y el ninguneo de la opinión pública, como en la guerra de Iraq, que tuvieron como consecuencia directa la derrota electoral de 2004 (las encuestas ya preveían la pérdida de la mayoría absoluta) y, a medio plazo, propició la revisión de los estatutos de autonomía y la diáspora soberanista, cuyas consecuencias van a depender mucho del actual gobierno popular.

Decisiones unilaterales de calado político conllevan repercusiones de riesgo y de largo alcance. Ésa es una evidencia que solo la necedad es capaz de ignorar.

En estos tiempos de urgencias del día a día, es necesario tirar de sensatez y de criterio, no sea que queriendo solucionar el corto plazo se sientan las bases de un nuevo siglo XIX que ya habíamos arrinconado.

Püblicado en Ultima Hora, el 21-Julio-2012

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