Los liberales, un compromiso ético con la sociedad.

Hacia tiempo que deseaba referirme y vindicar el discurso teórico del liberalismo, alejado del neoliberalismo, escuela que absolutiviza el mercado y que considera que el Estado innecesario, incluso sustituible por el propio mercado.

Contrario a esta opinión, merece la lectura el ensayo, “Liberales, compromiso cívico con la virtud” de José Mª Lassalle (doctor en Derecho y profesor de Historia de las Ideas y de las Instituciones enla Univ. Rey Juan Carlos I, Madrid), editado por R. H. Mondadori (Barcelona). Un libro documentado y ameno que relata los principios del liberalismo; etiqueta que se asocia a otras siglas como coletilla para maquillar discursos ferrosos de derecha rancia y doctrinarismos dogmáticos de izquierda.

El ensayo desarrolla el contexto histórico que propició el surgir del liberalismo como pensamiento filosófico moderno, desempolvando conceptos principales de la doctrina liberal que habría que recuperar en esta sociedad de tibiezas y confusión ética y moral.

Del liberalismo se sacralizaron conceptos como libertad y propiedad porque, en plena reacción absolutista enla Inglaterradel siglo XVII, los monárquicos pretendían volver al estatus medieval triunfante enla Franciade Luis XIV, lesionando esas conquistas, argumentando que la propiedad y las libertades, eran concesiones reales en cuanto que el reino era patrimonio del Rey por delegación de Dios.

Para Locke, por el contrario (“Carta sobre la tolerancia” y  “Dos tratados sobre el gobierno civil”, 1688-9) la libertad era un derecho de ley natural y la propiedad el soporte y garantía de esa libertad individual siempre en riesgo de ser sometida; a pesar que la Petition of Rights (1628) salvaguardaba la propiedad: “existe en todo hombre libre un derecho antiguo e indiscutible sobre la plena y absoluta propiedad de sus bienes y haciendas”. El derecho a la propiedad, para los liberales, se entendía pues como necesaria expresión de la libertad individual, por el contrario, los siervos y los esclavos no eran libres y nada poseían.

Se divulga poco que los liberales luchaban por la separación Iglesia-Estado, Estado laico, para defenderse del absolutismo monárquico al que convenía una Inglaterra anglicana o sumisa al Papa. Como, tampoco, se hace referencia a la vocación social del doctrinario liberal, de hombres de virtud personal, altruismo y solidaridad al servicio del bien común; por encima del interés individual.

“Para Locke, se trataba de un individualismo virtuoso basado en autoexigencia y trabajo, orientado a extraer la mayor cantidad posible de ventajas para el beneficio, (pero sin) rebasar nunca límites que condenara a los empleados a un estado de necesidad o de debilidad frente a relaciones arbitrarias de dominación”…”en tales casos, el gobierno podía intervenir y alterar el marco propietario y las desigualdades que se dieran en él”

Un libro, éste de JM Lassalle, recomendable para resituar el liberalismo como filosofía moral y política y valorar su dimensión social y modernidad.

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