Rajoy, un liderazgo para una Nueva Transición. 10.08.13


La comparecencia del Presidente, los argumentos que utilizó y el tibio mea culpa, ponen de manifiesto que el partido popular está haciendo equilibrios internos para respectar ciertos callos y eso acabará por desnortar a la formación. El partido popular debe de tener claro que Rajoy es su valor más seguro, si no quiere arriesgarse a repetir la historia de UCD.

Las últimas encuestas apuntan a que si la estrategia del PP sigue por el camino de componendas y no encara con valentía de diálogo y compromiso el asunto de Cataluña, el descalabro puede anunciarse porque una eventual salida de la crisis no serán suficientes para evitar la migración de votantes hacia UPyD, y hacia las formaciones regionalistas que, como en Baleares o Aragón, tienen mucho que ganar frente a políticas de uniformación ideológica y cultural. La sombra de cómo se hundió UCD en 1982, pasando de 157 a 11 diputados, ha estado presente desde la fundación del partido popular en 1989.

La formación de Suárez era una coalición de liderazgos, de diferente orientación ideológica, unidos con el objetivo de canalizar la Transición; lograda la normalidad institucional, el electorado percibió que no tenía sentido votar un partido de familias políticas que habían buscado otros acomodos.

En el PP, por el contrario, desde su fundación se trataba de subir el techo electoral de la derecha conservadora (de 10 a 109 diputados en 1982), prometiendo viajes al centro para alcanzar mayorías de gobierno; pero, tomando buena nota de la experiencia de UCD, asegurándose que el mando único estuviera en las filas de un núcleo duro alrededor de AP, el integrismo religioso (nada que ver con el Papa Francisco) y los neocon liberales (el núcleo de Madrid),  ensamblados en una jerarquizada estructura de gerencia empresarial cuyos mimbres, ahora, están saliendo.

Sin temor a errar, puede decirse que mientras el votante popular, en más de un 40 por ciento, se identifica (según encuestas del CIS) con un perfil de centro reformista liberal  y autonomista (y sensibilidad regionalista), el PP ha estado trabajando para esa minoría ideológica, de derecha rancia, que bloquea la evolución del partido popular hacia el partido de centroderecha, homologable con la derecha europea, que España necesita.

Es una cuestión de confianza.

 

Así las cosas, en esencia, el problema de España no es la crisis, ni los nacionalismos ni las instituciones ni los partidos políticos. Es una cuestión de credibilidad en el sistema que creamos con la Transición y que, ya entonces se veía, adolece de no haber encarado con determinación el modelo territorial que España, como estado plurinacional, requiere, y de seguir reproducido prácticas de compadre y clientelismo, político y económico del estadio anterior, típico de regímenes no democráticos.

El soberanismo se afianza en Catalunya, entre otras, por las torpezas de quiénes solo ven en los procesos negociadores la oportunidad para anular a la otra parte. Eso es una práctica contraria a cualquier técnica de negociación de las que se estudia en las escuelas de negocios.

Por el contrario, la salida institucional al soberanismo, y a la falta de compromiso de la sociedad española con sus instituciones, está en ofrecer a la sociedad una nueva propuesta de estado, viable y creíble, en cuanto a que se articule sobre bases jurídicas de equilibrio político y económico y, eso, solo se dará si se afrontan reformas necesarias que quedaron pendientes cuando se redactó la Constitución acometiendo, ahora, una Nueva Transición, en la que Mariano Rajoy, por encima de su adscripción como presidente del partido popular, encarne el liderazgo político de todos los españoles.

Rajoy haría el mayor servicio que se puede hacer a España, y a la Corona, impulsando una reforma constitucional de realismo político (por el artículo 167), en sentido federal, pero no solo, aprobándose antes de septiembre de 2014, desactivando una consulta soberanista que el gobierno debiera autorizar, imponiendo como pregunta la opción federalista que, ya aprobada, resultaría sin duda la mayoritaria.

Publicado en UH, el 10-Agosto-2013

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