Catalunya vs España

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Antecedentes de la cuestión

La crisis ha destapado las carencias del sistema político y de los consensos que dieron lugar al nuevo estado democrático. Transcurridos cuarenta años desde la promulgación de la Constitución, los ciudadanos percibimos que necesita reformas importantes para adecuarla los cambios sociales y políticos que se han dado en estos años.

En este primer debate constitucional se aborda la cuestión territorial que ya fue objeto de encendidas controversias en la Comisión redactora de la Constitución. Durante los trabajos de Comisión que se desarrollaron del 1 de agosto de 1977 hasta el 5 de enero de 1978, en que se terminó el anteproyecto y pasó a la fase de enmiendas, la cuestión territorial había sido el principal escollo para llegar a un acuerdo.

La institución del estado de las autonomías era ineludible desde el momento en que tras las elecciones de junio de 1977 los partidos “regionalistas” habían conseguido mayorías en sus respectivas regiones. En Catalunya, los partidos catalanistas, cuyos principales líderes pertenecían a la Assemblea de Catalunya (organismo de oposición antifranquista, creado en 1971), había alcanzado la mayoría absoluta. Socialistas y Comunistas sumaban el 47 por ciento de los votos, Convergència, Unió y Esquerra, sumaban el 26 por ciento; el catalanismo suponía el 76 por ciento de los votos emitidos. En Euskadi los nacionalistas (PNV y Euskadiko Ezquerra) alcanzaron el 39,89 por ciento, y extraparlamentarios radicales, el 7 por ciento, en su conjunto el nacionalismo vasco obtuvo el 46,89 por ciento de los votos que junto con los socialistas vascos, el 26,48 por ciento, los que estaban por una autonomía vasca habían conseguido el 73,37 por ciento de los votos emitidos.

La realidad electoral había evidenciado que la UCD de Adolfo Suàrez que, en el conjunto de España tenía el 34,44 por ciento de los votos (29,32 por ciento el PSOE), en Catalunya y Euskadi estaba en 17 y el 12,81 por ciento respectivamente. Mientras que en Euskadi ya se tenía por descontados los malos resultados, en Catalunya se esperaban mejores. Los malos resultados del partido del gobierno en Catalunya propiciaron la Operación Tarradellas para desactivar el regionalismo que culminaría con el retorno del President en el exilio el 23 de octubre de 1977. Planteamiento político que ya le había sido sugerido a Suárez, por Alfonso Osorio y Manuel Ortínez, cuatro meses antes de la cita electoral del 15 de junio.

Que la Constitución debía de contemplar la autonomía, para al menos Catalunya y el Euskadi, y para Galicia, era un compromiso asumido por los partidos de la Oposición. La cuestión estaba en si la autonomía había reducirse a un número de regiones o se adoptaba como el nuevo diseño territorial.

Aunque la reivindicación autonómica no fuera igualmente sentida y asumida por cada una de las regiones españolas, ni con la misma convicción por las opciones políticas que conformaban la Oposición, tanto en Catalunya como en Euskadi, el reconocimiento nacional estaba en el bloque duro de cualquier negociación para el cambio político. Fuera en su versión más radical, exigiendo la autodeterminación, o el nacionalismo moderado, el reconocimiento de Euskadi y Catalunya como consideración de entidades nacionales exigían un estatus de particularidad en aquella España centralizada y enaltecida de nacionalismo español. Finalmente se resolvió, con la absoluta oposición de la Alianza Popular de Manuel Fraga, que en el artículo 2 se reconociera y garantizara el derecho a la autonomía de las nacionalidades y de las regiones.

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