Un Estado inmovilista va contra si mismo.

(Versión de lo publicado en UH el 05-Julio-2014)

La economía deja la recesión. Tras cuatro trimestres consecutivos de crecimiento del PIB y con previsiones del gobierno, y de la FUNCAS (Fundación de las Cajas de Ahorros), de crecimiento trimestrales del 0,4 por ciento en el resto de 2014 y 2015, el optimismo, sin embargo, no acaba de instalarse porque el mercado laboral no se va a mover lo suficiente; el propio gobierno prevé un tasa de paro de 23,6 por ciento para 2015.

Con datos macroeconómicos desiguales, la credibilidad del gobierno tiene que ganarse en la esfera política, en su capacidad para dar solución a los problemas políticos de este final de legislatura: corrupción generalizada, falta de confianza en las instituciones políticas, incluidos partidos, patronales y sindicatos, y la cuestión de Catalunya. Con un lenguaje corporal incapaz de convencer, el presidente Rajoy y la cúpula de Génova, sigue creyendo que el problema electoral del PP es su falta de “comunicación y pedagogía”. Nada que decir del abandono a su suerte de la economía real, ni del asalto a los consensos sociales que está impulsando, contra buena parte del propio partido, o de la cacicada que estaría tramando para evitar una debacle en las próximas elecciones locales.

La fortaleza del Estado se podría medir por el respaldo que la sociedad da a sus instituciones, y dependería de hasta dónde éstas responden a las necesidades de la sociedad. Alberto López Basaguren, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad del País Vasco, publicaba un muy buen artículo en El País (23-04-14), refiriendo cómo la intransigencia de los Unionistas británicos, a reformas institucionales en sentido federal, impidieron cualquier salida a la quiebra del sistema provocando la independencia de Irlanda.

Habría que tomar nota. El partido popular recuperará el crédito perdido si es capaz de modernizar discurso, procedimientos y hábitos, desarrollando su vertiente liberal. En la esencia del liberalismo está trabar consensos y pactos sociales y territoriales. El liberalismo está a favor de dar el máximo protagonismo a los individuos y, subsidiariamente a las instituciones que los representan. Como dice el profesor Juan R. Ralló “Una revolución liberal para España”, libro bien recomendable aunque no esté totalmente de acuerdo con él, el Estado liberal es federal porque la toma de decisiones tiene que estar lo más cerca posible de sus representados.

Juan Ramón Rallo

Juan Ramón Rallo

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